¡Pero qué ‘vaina’ es esta con la Inteligencia Artificial! Asegún Aaron Levie, un gallo de los grandes en el mundo tech, hay un ‘coro’ de CEOs que están medio loquitos, sufriendo lo que él llama la ‘psicosis de la IA’. Es como si vivieran en una burbuja, creyendo que esta tecnología ya hace de todo un viaje de cosas, cuando la verdad es otra. Aquí en el patio, diríamos que se han ‘montado en una película’ donde la IA es la protagonista y resuelve todo de una vez, sin sudar la gota gorda. Esta desconexión entre la expectativa y la realidad ya es un tema de conversación serio entre los que sí están ‘en el mambo’ del día a día.
Esta ‘psicosis de la IA’ no es relajo; está llevando a decisiones que nos dejan con la boca abierta. Mientras las acciones de las empresas tech se disparan como cohete, de repente vemos un viaje de despidos. A veces, uno piensa que estos líderes se creen que la IA es una especie de ‘bacano’ que va a reemplazar a todo el mundo y listo. La cosa es que, aunque la Inteligencia Artificial promete, y de qué manera, la implementación real en una empresa es otro cantar. No es simplemente encender un switch y esperar que el ‘tigueraje’ de la IA se encargue de todo el trabajo sin supervisión humana.
Es que del dicho al hecho, hay un trecho que ni te cuento, ¡mi hermano! Los CEOs, al estar tan lejos del ‘barro’ de la operación diaria, ven un prototipo chulo de IA generando un contrato o un código y ya creen que el trabajo está hecho. Pero ¿quién revisa ese contrato para evitar una ‘trampa’ legal? ¿Quién depura el código para que no ‘explote’ en plena producción? Esa supervisión experta, el ojo humano que detecta el ‘disparate’, sigue siendo clave. En nuestro contexto, sería como ver un chef famoso en la tele y pensar que ya uno puede cocinar como él, sin pasar por el ‘fuego’ de la cocina. La experiencia real es una ‘chercha’ muy diferente.
El caso de Zeb Evans de ClickUp es para quitarse el sombrero, o para preocuparse, asegún se vea. Despidió a un cuarto de su gente y dijo que 3,000 agentes de IA harían el trabajo, dejando a los humanos solo para ‘supervisar’. ¡Una ‘organización 100x’, decía! Pero, ¿está de lo más bien eso? Los estudios nos pintan otro panorama. La mayoría de las veces, la IA sirve para potenciar, no para reemplazar del todo. Es como darle un machete más afilado al que corta caña, no es que el machete vaya a cortar la caña solo. Si la IA ‘se guilla’, ¿quién es el responsable? Aquí eso sería un ‘lío’.
La supuesta mejora de productividad con la IA, que tanto anuncian algunos, es más un ‘bluff’ que otra cosa, según varios estudios serios. La Universidad de California en Berkeley y el NBER han demostrado que no hay una relación robusta entre adoptar IA y un aumento masivo de productividad agregada. Es decir, las ganancias ‘percibidas’ son mucho mayores que las ‘medidas’. El MIT incluso estima que para el 2029 la IA podría completar muchas tareas con un 80-95% de éxito y calidad, pero aún sin superar a los humanos. O sea, la IA es un ‘caballito de batalla’ útil, pero todavía no es el caballo campeón.
Entonces, ¿cuál es el nuevo ‘tapón’ o cuello de botella? Si la IA produce un viaje de contenido o código, ¡ahora el problema es quién lo revisa y lo gestiona! Los directivos se encuentran con una avalancha de data y decisiones que antes no existían. Es como si el problema de la producción se moviera al problema de la verificación y control de calidad. Harvard Business Review ya lo alertaba. La clave es que los CEOs tienen que ‘bajar al barro’, o sea, meterse de lleno a entender las limitaciones y el potencial real de la IA. Si no, ¡esto puede terminar en un verdadero ‘lío’ organizativo!Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



