¡Ay, mi madre! La vaina de la laguna en Nancy Nadesha, en plena Autopista San Isidro, ya no aguanta un minuto más. Los residentes de este sector están viviendo un verdadero calvario, con sus calles convertidas en una piscina de agua estancada que les tiene el paso trancao y la salud en un hilo. La persistente laguna en Nancy Nadesha no es un capricho de la naturaleza, sino la cruda realidad de un sistema de drenaje pluvial que brilla por su ausencia, y según los afectados, el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) parece que se hizo el de la vista gorda con esta gente.
Esta situación, que ya tiene a la comunidad con el ‘tigueraje’ alterado, no es solo un problema de movilidad. Es un foco latente de enfermedades que pone en jaque la salud pública del sector. Estamos hablando de un criadero bacano para mosquitos transmisores de dengue, zika y chikungunya, sin olvidar el riesgo de leptospirosis y otras infecciones cutáneas que el contacto prolongado con aguas contaminadas puede generar. Es una preocupación seria para cualquier padre de familia ver a sus hijos expuestos a esta chercha, especialmente en un país donde las campañas de prevención de estas enfermedades son constantes y el llamado a la higiene es primordial. La irresponsabilidad, o la falta de agilidad, de las autoridades es algo que pone los pelos de punta.
El día a día de la gente en Nancy Nadesha se ha vuelto un coro de obstáculos. Imagínense salir a trabajar, llevar los muchachos a la escuela o incluso intentar que un camión de la basura o una ambulancia llegue a sus casas; es una odisea. Los niños no pueden jugar en las calles, los adultos tienen que hacer malabares para cruzar y las guaguas de concho se niegan a entrar en el sector por el deterioro. Este tipo de negligencia gubernamental no solo afecta la calidad de vida, sino que también desvaloriza las propiedades y frena cualquier tipo de desarrollo local, dejando a los comunitarios con la sensación de que su sector está de lo más bien en el mapa del olvido.
El MOPC, como institución encargada de la infraestructura vial y el saneamiento básico a nivel nacional, tiene la responsabilidad de garantizar que los ciudadanos tengan acceso a vías seguras y un entorno saludable. Los trabajos en la autopista principal, aunque necesarios, no deben ser excusa para desatender las necesidades adyacentes; al contrario, muchas veces estos proyectos de gran envergadura requieren una planificación exhaustiva que incluya la adecuación de los sistemas de drenaje de las comunidades cercanas. La Autopista San Isidro, que conecta zonas de alto crecimiento en Santo Domingo Este, ha visto un viaje de desarrollo residencial e industrial, lo que exige una infraestructura robusta y bien mantenida, no parches ni soluciones a medias.
El ministro Deligne Ascención y su equipo tienen en sus manos la solución a esta ‘vaina’. No es cuestión de enviar un parchecito, sino de implementar un proyecto de drenaje pluvial digno y sostenible que resuelva de una vez por todas este problema estructural. La gente de Nancy Nadesha no está pidiendo un lujo, sino una necesidad básica para vivir con dignidad. Es hora de que las autoridades demuestren que el desarrollo urbano no es solo para las grandes avenidas, sino también para cada esquina y cada callejón donde reside el pueblo dominicano, y que la palabra ‘progreso’ no se quede solo en los discursos, klk. La comunidad espera una respuesta jevi y rápida.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




