¡Klk mi gente! Siempre hemos sido buenos pa’ los cuentos, y más cuando la cosa se pone misteriosa. La humanidad ha rellenado lo inexplicable con relatos. ¿Y dónde nacen más historias? ¡Asegún Jason Lancaster, el bosque es la vaina! En su libro ‘Enciclopedia ilustrada de las criaturas del bosque’, nos presenta un ‘coro’ de mitos y criaturas que viven en el filo de nuestra imaginación. Este inventario de seres nos ha asustado y maravillado por generaciones, conectándonos con la raíz de nuestro subconsciente colectivo.
Aquí en Quisqueya, tenemos nuestros propios cuentos de camino sobre la Ciguapa, el Bacá o el Galipote. La obra de Lancaster es una vaina chula porque evita análisis sociológicos complejos, yendo directo a describir las figuras tal cual son. Es un catálogo que pone al mismo nivel a divinidades milenarias y espantos locales, como parte del mismo tigueraje místico que habita esos lugares salvajes; un enfoque directo y refrescante para la folklorística dominicana.
Lo más bacano de este compendio es su atemporalidad. El autor no clasifica si una criatura es de hace un viaje de años o una invención reciente. Es como si el bosque mismo no entendiera de calendarios. La obra replica esa lógica donde lo antiguo y lo ‘nuevo’ se juntan en la misma maleza, reforzando la idea de que estas criaturas pertenecen más a nuestra psicología colectiva que a la historia lineal. Son un reflejo puro de nuestros miedos más arraigados y de esa chispa de magia que aún nos queda, una mirada profunda a la mente humana.
El libro funciona como un herbario de lo fantástico, con cada criatura, desde el Kitsune japonés hasta el Sasquatch, recolectada con un cuidado impresionante. La intención es presentarlas en su estado más puro, sin adornos, respetando el misterio original que les dio vida. Es una guía de campo para lo inexplicable. Nos invita a ver a estos seres no como meras invenciones, sino como habitantes legítimos del ecosistema mental de nuestra especie, recuperando su dignidad lejos de las caricaturizaciones de la cultura de masas.
Aunque algunos puristas extrañen mayor contextualización histórica, esa ‘carencia’ es irónicamente la fuerza de esta enciclopedia. Al no estar atada a modas del análisis cultural, se convierte en una referencia duradera, un inventario de lo perenne. No busca explicar por qué la gente cree, sino simplemente mostrarnos qué hemos creído ver entre los árboles, en la oscuridad, cuando la imaginación vuela libre. Esta distinción es crucial para entender el propósito del folclorista y el valor trascendente de su trabajo.
En un mundo hiperconectado y cartografiado por satélites, que un libro como este nos recuerde que aún existen enciclopedias que catalogan a los seres que habitan la penumbra de los bosques es un acto poético y de resistencia. Nos invita a reconectar con lo primario del ser humano que teme y reverencia lo desconocido. ¡Una lectura que te deja pensando!
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