El presidente de la Federación Dominicana de Comerciantes (FDC), Iván García, ha vuelto a poner sobre la mesa una propuesta que tiene más de un cuarto de siglo en el aire: restringir la circulación diurna de los vehículos pesados. ¡Y es que no es para menos! Esta vaina de tener patanas y camiones grandes a toda hora en nuestras calles no solo genera unos tapones de los buenos, sino que también aumenta el riesgo de accidentes de tránsito, una realidad que nos golpea duro como sociedad. Aseguún García, esta medida es clave para garantizar una movilidad más fluida y, sobre todo, más segura para todos los dominicanos que día a día se tiran a la calle.
Esta iniciativa no es un invento de ahora; el sector comercial organizado lleva más de 25 años planteándola a las autoridades, buscando una solución que beneficie a todos. Es que, mi gente, la lógica es clara: las distancias en la República Dominicana no son tan largas. Una patana que sale de Pedernales o Dajabón a las 10:00 de la noche, puede llegar a Santo Domingo fresquecita antes de que cante el gallo, tipo 5:00 de la mañana. Esto permitiría que el transporte de mercancías siga su curso sin interrupciones, pero sin entorpecer el tránsito diurno ni poner en peligro a los demás conductores. Es cuestión de organizarse y de ponerle coco a la vaina.
Para que esto se convierta en una realidad, Iván García ha señalado la importancia de que instituciones como el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant) y RD Vial se sienten a la mesa a buscar soluciones integrales. No es solo un asunto de mover carga, es sobre cómo ese movimiento impacta la infraestructura vial y la calidad de vida de la gente. Se trata de una discusión que debe ir más allá de lo superficial, considerando el flujo de mercancías, la capacidad de nuestras carreteras, y los puntos críticos donde el ‘tigueraje’ de las patanas haciendo maniobras en pleno día complica el flujo. Hay un viaje de variables que hay que evaluar para que la cosa salga bien y no se cree un desorden más grande.
Además de la seguridad vial, García también tocó un punto crucial para nuestra economía: el comercio con Haití. Este intercambio, que a veces recibe más críticas que elogios, representa un verdadero pulmón para muchos sectores dominicanos, moviendo alrededor de 3,000 millones de dólares anuales. Es una ‘chercha’ importante, ya que involucra tanto exportaciones formales como el bullicioso intercambio de los mercados binacionales en la frontera. Pese a los retos y las tensiones, ese flujo de bienes como cemento, acero y comestibles es vital para miles de empresas y familias que viven de ese ‘guille’ comercial.
Este comercio transfronterizo no solo se limita a grandes corporaciones; miles de pequeños y medianos comerciantes dependen directamente de la actividad en mercados como Pedernales, Jimaní, Elías Piña y Dajabón. Es un motor económico que, aunque a veces no se vea en los titulares principales, sostiene un bacano ecosistema de producción y distribución. La propuesta de García, al buscar una logística de transporte más eficiente y segura, también beneficiaría indirectamente este comercio vital, permitiendo que las mercancías lleguen a su destino con menos contratiempos y más previsibilidad. Es un ganar-ganar si se implementa bien.
En fin, la visión de Iván García va más allá de un simple cambio de horario; es un llamado a la coherencia y a la planificación estratégica para un país en constante crecimiento. Se trata de armonizar la necesidad del comercio y el transporte con la imperante demanda de seguridad y fluidez en nuestras vías. Ojalá que esta ‘vaina’ de propuesta, que tiene tanto sentido, finalmente encuentre el apoyo necesario para que se convierta en una realidad palpable que beneficie a todo el mundo. ¡Ya es hora de poner orden en el patio!
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



