¡Mi gente! La cosa se puso buena y el mundo está en un ‘tigueraje’ buscando cómo ser más competitivo. Según el más reciente estudio de McKinsey, ‘Impulsando la competitividad: dónde y por qué se invierte’, la capacidad de una nación para atraer lo que ellos llaman la ‘Inversión Productiva’ se ha vuelto la clave para el crecimiento a largo plazo. Esta vaina no es un juego, es la base para que una economía pueda generar más empleos de calidad, impulsar la innovación y, en definitiva, mejorar la calidad de vida de la gente del patio.
Este estudio que sacó McKinsey no es un relajo; analiza cómo están cambiando las decisiones de inversión a nivel mundial y qué necesitan los países para volverse un destino ‘chulo’ para el capital. Nos dice que cuando un país invierte en infraestructura, industrias, tecnología e investigación y desarrollo, está mostrando su músculo. Es un reflejo de la confianza que tienen las empresas en que esa economía puede generar productividad y un crecimiento sostenible a largo plazo.
El mapa económico mundial se está redefiniendo, y no es que estemos hablando de un simple ‘coro’, sino de movimientos estratégicos. China, por ejemplo, sigue con el mayor volumen de inversión productiva, mientras Estados Unidos está de una vez acelerando su apuesta por sectores de alto voltaje como la inteligencia artificial y la infraestructura digital. Europa, por su lado, está en el desafío de recuperar ese dinamismo que la haga competitiva. Estos movimientos nos demuestran que la competencia global no es por ser el más grande, sino por crear las condiciones más favorables para atraer proyectos ‘bacanos’ y desarrollar nuevas capacidades.
En este escenario, los países no solo están compitiendo por la plata, sino también por ser las plataformas ideales para el desarrollo de industrias que generen mucho valor agregado. La capacidad de generar confianza y ofrecer un ambiente estable se ha convertido en un diferenciador vital para atraer inversiones de largo aliento. Ya no es solo poner una alfombra roja, es construir un ecosistema completo.
Asegún el informe, los factores que impulsan la competitividad hoy van mucho más allá de los costos laborales baratos o los incentivos fiscales tradicionales. Lo que de verdad importa es la productividad, tener acceso a buena infraestructura y energía que no falle, la disponibilidad de talento especializado —esa gente que sabe lo que hace—, la capacidad de innovar, la rapidez para ejecutar proyectos y la estabilidad del entorno regulatorio. Un viaje de elementos que influyen de manera directa en dónde ponen su dinero las empresas.
El informe también hace hincapié en que la adopción acelerada de tecnologías como la inteligencia artificial está generando una necesidad grandísima de inversiones en infraestructura tecnológica, centros de datos y redes energéticas. Esto refuerza la idea de que innovación, productividad y competitividad están amarradas de una forma que no se sueltan. Los países que logren desarrollar ecosistemas que faciliten estas inversiones estarán en una posición ‘jevi’ para captar un sinnúmero de oportunidades de crecimiento.
La fortaleza de las cadenas de suministro y la calidad de la infraestructura logística también son un palo ahora mismo. Las empresas valoran cada vez más operar en entornos conectados, resilientes y con capacidad para responder ‘de una vez’ a los cambios del mercado internacional. No quieren sorpresas ni atrasos, quieren fluidez y eficiencia.
Para fortalecer este entorno competitivo, McKinsey identifica varias prioridades estratégicas: hay que elevar la productividad, acelerar la ejecución de proyectos, fomentar la innovación, fortalecer las capacidades industriales y crear condiciones que faciliten la inversión en sectores con alto potencial. Estas prioridades son una oportunidad de oro para economías emergentes como la nuestra, que pueden impulsar su crecimiento invirtiendo en sectores estratégicos y formando talentos que generen mayor valor para todos.
Como bien afirmó Antonio Novas, Senior Partner de McKinsey & Company y Managing Partner en República Dominicana, ‘Hoy la competitividad se construye creando las condiciones para que las empresas puedan invertir, innovar y crecer. Los países que desarrollen ecosistemas productivos sólidos, con talento, infraestructura moderna y marcos regulatorios que impulsen la inversión, estarán mejor preparados para generar crecimiento sostenible y aprovechar las oportunidades que está creando la transformación de la economía global’. No hay una mejor forma de ponerlo, ¡esa es la pura verdad!
En un escenario donde las cadenas globales de valor se están reorganizando, la inteligencia artificial avanza a pasos agigantados y la competencia por el capital es más fuerte que nunca, fortalecer la competitividad será un elemento decisivo para impulsar nuevas inversiones, aumentar la productividad y generar un desarrollo económico más resiliente y sostenible. ¡Así que a ponerse las pilas y a trabajar en eso!
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