Desde el 2021, la República Dominicana le ha estado dando una dura ‘brega’ a la Peste Porcina Africana (PPA), una enfermedad viral que ha puesto a sufrir a un viaje de productores de cerdos en el país. En aquel momento, la situación era tan delicada que se contempló la eliminación total de los animales, una vaina que, según muchos sectores, no era factible por el tremendo impacto social y económico que tendría. Sin embargo, el Gobierno no se quedó de brazos cruzados e implementó un programa de sacrificio e indemnización para aquellos productores con casos positivos, buscando controlar la propagación de este mal.
Asegún el reporte, las autoridades gubernamentales ahora están metidas de lleno en la preparación de una serie de protocolos chulos para poder declarar algunas áreas de nuestra nación completamente libres de la Peste Porcina Africana. Abel Madera Espinal, quien es el director general de Ganadería, explicó que provincias del sur y Samaná ya tienen varios meses sin registrar la enfermedad, un indicio esperanzador que se confirma con las analíticas mensuales. Aunque la erradicación total es un reto porque no existe vacuna, él asegura que los esfuerzos se mantienen firmes y que la enfermedad está bajo control.
La ‘batalla’ contra la PPA no ha sido barata, ¡para nada! El año pasado, el Gobierno metió una inversión superior a los RD$300 millones en indemnizaciones para los productores afectados. Y para este año, la cosa pinta mejor, con un monto que ronda los RD$50 millones y que se espera cierre entre RD$35 y RD$70 millones. Este compromiso financiero es clave para aliviar la carga de los pequeños productores. Además, entre 2021 y 2024, el Estado ha destinado más de RD$1,900 millones en compensaciones, con un tercio de ese dinero llegando desde el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA), lo que demuestra la importancia internacional de este asunto.
Un aspecto que ha mejorado de una vez es la capacidad de detección. El director general de Ganadería señaló que la cantidad de productores que realizan pruebas de forma permanente se disparó de 250 a más de 1,000. Este aumento en la vigilancia, junto con la capacitación constante que se les da a los productores, es fundamental para evitar que la enfermedad coja más fuerza. A pesar de los avances, las granjas de traspatio siguen siendo un dolor de cabeza, ya que muchos criadores operan en la informalidad, lo que dificulta la aplicación de medidas de bioseguridad.
Para el Gobierno, la diferencia entre un productor formal e informal ahora se mide por las medidas de bioseguridad que aplican. Ya no es solo la cantidad de cerdos que tienen, sino el riguroso protocolo: cambio de ropa, lavado de pies y manos, y fumigación de vehículos que entran a la granja. ¡Eso es una vaina seria! Se exige una granja perimetral bien cerrada, controles de roedores y plagas, y hasta vallas pajareras. Todo un sistema para evitar que la enfermedad se cuele por cualquier lado.
El tema de las granjas de traspatio, aunque representa un riesgo, no es algo que se pueda eliminar ‘así porque sí’. Según el reporte, es un asunto social y económico delicado, porque muchísimas familias dependen de esa actividad para llevar el plato a la mesa y mandar a sus hijos a la escuela. El presidente le tiene un cuidado especial a esos pequeños productores, pues para ellos la crianza de cerdos es una fuente de ingresos difícil de sustituir. El enfoque, entonces, es llevarles educación y un cambio de cultura en la crianza, para que, aunque sean pequeños, puedan operar con bioseguridad.
En cuanto al precio del cerdo, la situación está de lo más bien ahora mismo. A pesar de las fluctuaciones al alza que hubo, el precio en granja se mantiene entre RD$140 y RD$150 por kilo. Esto permite un balance bacano para el productor y para el comercio, asegurando que, a pesar de los estragos que la PPA ha causado por años, la carne de cerdo siga siendo accesible y rentable. La declaración de la enfermedad ‘bajo control’ por organismos internacionales es un espaldarazo que nos da mucha chercha, y el Gobierno sigue respaldando a los pequeños productores, concentrando sus esfuerzos en la educación para que la crianza sea más segura y sostenible.
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