La gente del Ensanche La Fe está con el grito al cielo, y no es para menos. Cada aguacero, por más chulo que sea, convierte la calle Mauricio Báez, entre la Rafael J. Castillo y la Juan Alejandro Ibarra, en un verdadero río. La vaina es que los carros se parquean como si nada sobre las aceras y encima de las zanjas, y eso provoca que los desagües se tapen de una vez, dejando un viaje de agua acumulada donde las guaguas transitan casi ahogadas. Esta situación de constantes inundaciones ya es un dolor de cabeza crónico para los que viven por ahí.
El relajo se agrava con el tigueraje de algunos mecánicos de la zona, que dejan los vehículos descompuestos abandonados en la vía pública por días, semana y hasta meses. Esto no solo le quita espacio al que transita, sino que también contribuye a que el agua no tenga por dónde correr, intensificando las ya graves inundaciones. Lo peor es que, asegún los vecinos, las autoridades competentes se hacen los de la vista gorda, y la junta de vecinos tampoco ha metido la mano para resolver este problema que tiene a la comunidad en un pie de guerra.
Esas acumulaciones de agua no solo son un estorbo visual o un inconveniente para el tránsito; la verdad es que ya el agua está penetrando en las viviendas, dañando paredes y dejando los hogares en un estado crítico después de cada lluvia. La indignación es palpable; los residentes aseguran que han externado esta queja comunitaria un viaje de veces, pero no han recibido ni pío de respuesta ni una solución que sea bacana y definitiva. Están cansados de la chercha.
Esta problemática en Ensanche La Fe no es un caso aislado, es un reflejo de la falta de planificación urbana y de la poca aplicación de las normas en muchos de nuestros barrios. La informalidad en el uso del espacio público, desde el comercio ambulante hasta el parqueo desordenado, se vuelve un caldo de cultivo para este tipo de situaciones. Aquí, a veces, parece que la ley del más fuerte o del más ‘vivo’ es la que manda, y el respeto por el espacio ajeno o el bien común se va de vacaciones.
Es imperativo que las instituciones municipales, en colaboración con el Ministerio de Obras Públicas y la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (DIGESETT), tomen medidas concretas y de una vez por todas. No basta con esperar que la comunidad denuncie, se necesita un plan de acción preventivo, con limpieza constante de los desagües y, sobre todo, una firme aplicación de las normativas de tránsito y uso de la vía pública. Ponerle un parado a este desorden es lo que se espera.
Al final del día, los afectados de Ensanche La Fe solo quieren vivir tranquilos, sin el miedo constante de que su casa se convierta en piscina cada vez que cae un chaparrón. Es una situación que va más allá de un simple problema de tránsito; es un tema de calidad de vida y de respeto a los ciudadanos. ¡Hay que meterle mano a esa vaina ya!Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




