¡Klk, gente! El Vaticano, esa institución con siglos en el ‘ruedo’, nos ha soltado una encíclica fresquecita sobre la Inteligencia Artificial (IA), y la verdad es que la vaina está ‘jevi’ para analizarla. Históricamente, cada vez que la Santa Sede ha puesto el grito en el cielo por una tecnología nueva, esa tecnología ha terminado cambiando el mundo de una forma que ni ellos mismos se esperaban. Estamos hablando de la imprenta, la Revolución Industrial, el cine, la radio, la televisión… un viaje de cosas que hoy son parte de nuestro día a día.
Recordemos que a finales del siglo XV, la imprenta fue recibida como una bendición divina, una forma ‘chula’ de expandir la palabra de Dios. Pero el gozo duró poco. Rápidamente se dieron cuenta de que esta misma herramienta podía ser un arma de doble filo, propagando ‘herejías’ y ‘malas ideas’. De ahí surgió la censura y el famoso ‘Index librorum prohibitorum’, una lista de libros que la Iglesia no quería que uno leyera. ¿Y qué pasó? Que Martín Lutero, con su ‘propaganda’ bien montada, aprovechó la imprenta para armar el ‘lío’ de la Reforma Protestante, convirtiéndose en el primer autor de ‘best-sellers’ de la historia. ¡Tremendo ‘corte’!
Avanzando en el tiempo, con la llegada de la Revolución Industrial a finales del siglo XIX, el Papa León XIII lanzó ‘Rerum Novarum’, una encíclica social que puso en la mira la concentración de riqueza y el abuso de los trabajadores. El Vaticano alertaba que la ‘maquinaria’ y las nuevas tecnologías estaban convirtiendo a la gente en ‘esclavos’. Más adelante, Pío XI en 1936 con ‘Vigilanti Cura’ y Pío XII en 1957 con ‘Miranda Prorsus’, pusieron el foco en el cine, la radio y la televisión, viéndolas como potentes herramientas, sí, pero con un potencial enorme para la ‘corrupción moral’ y la ‘manipulación de masas’. Aparentemente, la historia nos está dando un ‘replay’, ¿verdad?
Lo interesante de esta nueva encíclica, ‘Magnifica Humanitas’ (2026), es que el Papa León XIV, quien por cierto estudió matemáticas, la sacó ‘rapidísimo’, apenas tres años después de que ChatGPT se hiciera viral. Esto es un indicio claro de lo acelerado que está el desarrollo de la Inteligencia Artificial comparado con otras épocas. Antes, el Vaticano se tomaba su tiempo para reaccionar; ahora, parece que se han puesto las pilas ‘de una vez’ para ser un ‘freno ético’ antes de que la ‘vaina’ se salga de control, marcando una respuesta sin precedentes en velocidad.
El meollo del asunto, según el Papa León XIV, es que las grandes empresas de IA, como Amazon, Microsoft o Google, no solo dominan el mercado con sus algoritmos, sino que también podrían imponernos su ‘visión moral’ a nivel mundial. Esto va mucho más allá de lo que el cine o la televisión pudieron hacer, porque la IA tiene la capacidad de influir directamente en cómo pensamos, decidimos y percibimos la realidad. Se advierte de un ‘desplazamiento cognitivo’, donde la gente podría preferir que los algoritmos piensen por ellos, en vez de usar su propia ‘sesera’ para el esfuerzo reflexivo. ¡Eso sí que es una ‘chercha’ que nos pone a pensar!
Mirando el historial, la mayoría de esas tecnologías que el Vaticano vio con tanto recelo al final nos trajeron progreso y nos conectaron más. La imprenta democratizó el conocimiento, la industria mejoró la calidad de vida global, y los medios enriquecieron la cultura. Sin embargo, no podemos ignorar que esas advertencias papales, aunque no siempre se cumplieron ‘al pie de la letra’, sirvieron y sirven como un contrapeso ético ‘bacano’. Nos obligan a reflexionar sobre los riesgos reales que traen los avances y a no dejar que el ‘tigueraje’ de la tecnología nos pase por encima sin cuestionar nada. Es un llamado a la cordura, a asegurar que la IA trabaje para la humanidad, no al revés. ¡Hay que estar ‘alante’ con eso!
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



