Con 68 años bien puestos, Felicia Leclerc no solo es una leyenda viviente del hipismo dominicano, sino que también se perfila extraoficialmente como la jocketa de mayor edad activa en todo el mundo. Cada madrugada, esta ‘Guerrera del Hipismo’ se levanta a las cuatro para cumplir su sagrada rutina, demostrando una disciplina férrea que ya quisieran muchos jóvenes. Desde su querido barrio de Villa Juana, donde ha echado raíces por más de cuatro décadas, toma su ‘guagua’ en la emblemática Duarte con París, poniendo rumbo al Hipódromo V Centenario, el lugar donde su pasión se hace galope.
Su día a día en el hipódromo es un ‘coro’ completo de dedicación y amor por los equinos. Felicia no solo se limita a montar; su faena empieza bien temprano, ‘traqueando’ a los caballos, dándoles sus baños relajantes en la piscina, asegurándose de que estén bien alimentados y con todas sus vitaminas a tiempo, para luego pasearlos con esmero por la pista. Para ella, esto no es solo un trabajo, es ‘la vaina más chula’ y el motor de su existencia, como bien lo ha dicho: ‘El hipismo es mi vida’. Una muestra clara de que cuando se ama lo que se hace, la edad es solo un número.
Recientemente, el 9 de mayo, estuvo ‘a un tris’ de hacer historia, rozando el récord de la estadounidense Diane King. Aunque montando a Al Emir, quedó en un segundo lugar apretado frente a la potranca Doña Mireya, ese día casi reeditaba el triunfo que había logrado en 2020 con Rosita E. Esa victoria, a sus 62 años, la puso en el Círculo de Ganadores por última vez, pero su espíritu indomable promete que, con el favor de Dios, pronto romperá esa marca y seguirá demostrando que está para grandes cosas.
A menudo, la gente del ‘tigueraje’ le pregunta cuándo se va a retirar, sugiriéndole que ya es tiempo. Pero Felicia, con esa chispa que la caracteriza, les devuelve la pregunta: ‘¿Por qué tengo que retirarme?’, ‘¿Por cuál razón debo retirarme de lo que me gusta?’. Y es que la verdad, ‘klk’ va a hacer ella fuera de lo que ama si se siente fuerte, si se siente bien, manteniendo las mismas 95 libras de hace 46 años, gracias a un metabolismo ‘jevi’ y una disciplina que no tiene comparación. Además de todo, dedica su tiempo a formar nuevas generaciones en la Escuela Vocacional Don Arturo Zicklay, porque su legado va más allá de las pistas.
El reconocido cronista hípico Dagoberto Galán, quien la conoció en el desaparecido Hipódromo Perla Antillana gracias al ex beisbolista Bonny Castillo, es testigo de su espíritu guerrero. Galán cuenta con orgullo cómo Felicia lo invitó a una cartelera para que la viera hacer un ‘punta-punta’, y cómo tuvo el privilegio de tomarse su primera foto en el Círculo de Ganadores con ella y la yegua Kathy Coach en los ochenta. Esa es la Felicia Leclerc que muchos admiran, una atleta que ha dejado una huella ‘bacana’ en el deporte nacional.
La trayectoria de Felicia es aún más admirable si consideramos que es una de las pocas jinetes que compitieron en el mítico Perla Antillana, cerrado en 1994 tras 50 años de historia, y que aún montan esporádicamente en el V Centenario. Junto a ella, solo nombres como José ‘Gilberto’ Reyes, William Luis y Robin Santiago, mantienen viva esa llama, un recordatorio de una época dorada del hipismo dominicano. Estos ‘veteranos’ son un tesoro, ejemplos de longevidad y pasión que inspiran a cualquiera.
Mientras algunos de sus contemporáneos, como Luis Jiménez, Dante Faña, Gerardo Paulino y Juan Julio Abreu, han transitado a la labor de entrenadores en el Quinto Centenario, Felicia se mantiene firme en la silla, desafiando el paso del tiempo y demostrando que la verdadera pasión no tiene fecha de vencimiento. Su historia es un canto a la perseverancia y al amor por el deporte, una ‘vaina’ de verdad admirable.
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