La República Dominicana se ha visto envuelta en un debate que toca la fibra de la ética periodística y la privacidad, especialmente cuando se trata de figuras públicas. Un encuentro candente entre la periodista Laura Castellano y monseñor Manuel Antonio Ruiz de la Rosa en el programa Matinal de Telemicro, canal 5, puso sobre la mesa el espinoso tema: ¿es la vida sentimental de un funcionario material noticioso? La pregunta de Castellano fue directa: ‘Si un funcionario público está con una amante en un lugar, ¿puede ser motivo de noticia?’ Este interrogante sobre el ‘lío del funcionario’ abrió una caja de pandora que va más allá del simple chisme.
El monseñor Ruiz de la Rosa, con una postura reflexiva, de una vez cuestionó el propósito detrás de la publicación de tales informaciones. Para él, antes de divulgar una conducta que bien podría ser un ‘pecado’, es crucial determinar qué aporta esa información y si existe una conexión real con las responsabilidades públicas del individuo. ‘¿Qué busco? ¿Voy a ayudar a otros, estoy buscando un ‘like’ o quiero hacerle daño?’, inquirió el religioso, subrayando la importancia de la intención en el ejercicio periodístico. Es un punto que pone a pensar a cualquiera, ¿verdad?
Una distinción clave que estableció Ruiz de la Rosa fue la diferencia entre una relación privada y otra sostenida con fondos del Estado. No es lo mismo un ‘coro’ personal, que el ‘tigueraje’ de estar en París con una amante usando la chelita del pueblo. Si un funcionario está gastando recursos públicos para mantener varios ‘líos’, la vaina cambia por completo. Según el monseñor, en ese escenario, la divulgación estaría más que justificada por la necesidad de transparentar el manejo del dinero colectivo, y ahí sí que la gente tiene derecho a saber. Es un asunto de rendición de cuentas que no se puede pasar por alto.
Laura Castellano, por su parte, defendió con firmeza que los funcionarios tienen un parámetro de intimidad diferente al de un ciudadano común. ¿Por qué? Porque manejan la cosa pública, el dinero de todos. Argumentó que ciertas conductas privadas pueden ser una ventana al carácter de quienes ostentan el poder. ‘¿Solo es válido si hay fondos públicos involucrados? ¿No nos interesan las demás inconductas de los funcionarios?’, cuestionó la periodista, planteando la necesidad de ir más allá del uso de recursos estatales para considerar la relevancia noticiosa de la conducta de un servidor público. No es solo la malversación, a veces el ‘klk’ de su vida personal también puede dar pistas.
El monseñor, aunque reconoció que tales actuaciones pueden generar interés, insistió en ponderar el verdadero aporte de su divulgación, el daño que se puede causar y las consecuencias, especialmente para las familias de los involucrados. Para él, un momento de embriaguez, una expresión desafortunada o un ‘lío’ sentimental no deberían difundirse únicamente para exhibir o desacreditar a una persona. Hay que tener un poco de ‘cuidado’ y no dejarse llevar solo por el chismoteo, que al final lo que hace es más daño que bien.
Esta discusión tiene un peso extra debido a la próxima entrada en vigor de la Ley 74-25, que instituye el nuevo Código Penal y comenzaría a aplicarse el 3 de agosto, a menos que el Congreso le meta mano y la modifique. El artículo 208 de este código considera difamatoria la imputación pública de un hecho preciso que afecte el honor o la imagen de una persona. El ‘coco’ de la cuestión es que la redacción promulgada no especifica que el hecho divulgado deba ser falso. Esto deja un ‘boquete’ legal que podría generar un viaje de problemas para los periodistas que reporten sobre la vida privada de los funcionarios, incluso si lo que dicen es verdad.
Este debate no es solo una ‘chercha’ de programa de televisión, es un reflejo de la tensión constante entre el derecho a la privacidad, la libertad de prensa y la transparencia que demanda la ciudadanía de sus líderes. En un país como el nuestro, donde la confianza en las instituciones es vital, definir dónde está la línea entre lo privado y lo público en la vida de un funcionario es un desafío bacano que requiere un análisis profundo y sensato de todos los sectores.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



