¡Klk, mi gente! Nos pasamos el día dándole pa’ allá a la inteligencia artificial, pidiéndole vainas a ChatGPT, Gemini, Claude y DeepSeek, y muchas veces nos conformamos con lo que sea que nos tiren. ¿Pero sabías que hay dos parámetros que son la clave para que la IA te dé justamente lo que necesitas? Hablamos de la ‘temperatura’ y la ‘longitud de respuesta’, una vaina que pocos conocen y que, según el reporte, lo cambia todo en el mundo del ‘tigueraje’ digital.
La ‘temperatura’ es el termómetro de la creatividad del modelo. La IA genera texto calculando la palabra más probable. Con una temperatura baja (cercana a cero), la IA se pone ‘seria’, eligiendo siempre lo predecible, sin arriesgarse. Pero si le subes la temperatura, la pones más ‘atrevida’, permitiendo un viaje de opciones menos probables que dan respuestas más variadas y ‘jevi’ de originales, aunque con su riesgo de desvío. No hay una temperatura ‘bacana’ universal; todo depende de la tarea que le estés dando, klk.
Para resumir contratos, explicar conceptos o traducir textos ‘de una vez’, necesitamos una temperatura baja para precisión. Pero si buscas nombres o ideas innovadoras, ¡dale fuego! Aunque las interfaces no lo muestren, puedes simularlo con prompts. Una instrucción como: ‘Dame una respuesta muy conservadora y literal, sin especular ni añadir matices propios’, equivale a baja temperatura. Si le escribes: ‘Sé todo lo original que puedas. Prefiero ideas poco convencionales, incluso arriesgadas’, le estás subiendo la temperatura al máximo, ¡y la IA se vuelve un coro de ideas locas!
Con la ‘longitud de respuesta’ pasa algo parecido. Los modelos generan texto hasta que deciden parar o llegan a un límite de ‘tokens’. Y lo chulo es que, al contrario de lo que muchos piensan, una respuesta más larga no siempre significa que sea mejor. A veces, un toyo de texto lo único que hace es complicar la vaina.
Si no le damos instrucciones claras, los modelos tienden a explayarse con matices que no siempre necesitamos. Si buscas un desarrollo profundo, una respuesta corta te dejará a medias, como cuando el sancocho no tiene los víveres completos. El problema no es que el modelo sea ‘bruto’; es que no le hemos dicho cuánto espacio debe ocupar. Basta con incluir en el ‘prompt’ una instrucción explícita, desde ‘respóndeme en una sola frase’ hasta ‘desarróllalo con la máxima profundidad posible’.
Lo más bacano es que estos dos parámetros, ‘temperatura’ y ‘longitud de respuesta’, se pueden combinar para lograr resultados específicos. ¿Necesitas algo quirúrgico y técnico? Baja la temperatura y pide una respuesta corta. ¿Quieres una lluvia de ideas o un desarrollo extenso y creativo? Sube la temperatura y dale rienda suelta con una longitud generosa. Conocer esta vaina, aunque sea de forma indirecta a través de nuestros ‘prompts’, nos permite pedirle a la IA exactamente lo que necesitamos en vez de conformarnos con lo que ella nos entrega por defecto, ¡poniendo a la IA a trabajar como los ‘tigueres’ que somos!
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



