En un llamado urgente a la conciencia de nuestra gente, el cirujano especialista en pie diabético y heridólogo, Max Guerra, ha encendido las alarmas sobre una ‘vaina’ que, asegura, está causando un sinnúmero de complicaciones innecesarias: el uso de remedios caseros para tratar las heridas del pie diabético. Este asunto, que toca de cerca a una buena parte de la población dominicana, no es un juego, y el especialista enfatiza que, aunque parezcan inofensivos, estos ‘truquitos’ del patio pueden agravar de una vez por todas una situación ya delicada, llevando a consecuencias mayores que un profesional podría haber evitado desde el principio.
El especialista Guerra, cuyo trabajo como CEO del Centro Integral de Manejo de Heridas y Pie Diabético lo coloca en la primera línea de esta batalla, ha visto de todo. Según su experiencia, muchos pacientes llegan a consulta no solo con la lesión original, sino con un ‘lío’ de complicaciones producto de haber intentado curarse en casa. Entre las prácticas más frecuentes que ha identificado, y que resultan ser un verdadero dolor de cabeza, se encuentran la aplicación de orina, aloe vera, aceite quemado, azúcar, quina, y hasta la inmersión de los pies en agua caliente. ¡Imagínense ustedes la chercha que esto puede armar en un pie delicado!
Es que el Pie Diabético no es una herida cualquiera, mi gente. Guerra explica que una lesión en una persona con diabetes necesita una atención especialísima debido a varios factores clave que la distinguen. Estamos hablando de problemas de circulación que dificultan que la sangre llegue bien a la zona afectada, neuropatía que reduce la sensibilidad y el paciente no siente el dolor a tiempo, y un descontrol de la glucemia que es un verdadero ‘enemigo silencioso’ para la cicatrización. Todo este coro de condiciones hace que el proceso de curación sea mucho más lento y complicado, aumentando el riesgo de que cualquier pequeña herida se convierta en un ‘bacano’ problema.
“Que un producto sea natural no quiere decir que no sea tóxico”, es la advertencia tajante del doctor Guerra. Y tiene toda la razón. No es porque algo venga de la naturaleza que está ‘de lo más bien’ para aplicárselo a una herida abierta. El especialista pone de ejemplo sustancias tan comunes como el orégano y el ajo, que, aunque tienen sus propiedades medicinales, pueden generar efectos adversos sobre la lesión en vez de ayudar a sanarla. Es como querer arreglar una guagua con herramientas de cocina: no es lo mismo, ni sirve para lo mismo, y lo más seguro es que la dañes más.
Por eso, Guerra insiste en que hay que estar ‘ojo pelao’ a las señales de alerta. Si después de haber usado cualquier ‘remedio’ casero la herida empieza a soltar mal olor, aparecen secreciones raras, o la lesión en vez de mejorar, se deteriora, ¡es tiempo de salir corriendo para donde un especialista! Él nos recuerda que, mientras el 70% de las heridas comunes suelen sanar solas en un par de semanas, en los pacientes diabéticos la cosa es muy diferente. Ignorar estas señales es jugar con candela, y puede terminar en algo mucho más serio de lo que uno quisiera.
Para reducir el riesgo de que un pie diabético se ponga feo, el doctor Guerra nos da los pilares fundamentales que todo paciente debe seguir. Primero, un control ‘chulo’ de la glucemia, que es la base de todo. Segundo, una higiene impecable de la lesión, como si fuera oro. Tercero, el seguimiento constante por parte de un especialista, porque uno no sabe lo que no sabe. Y cuarto, usar un calzado apropiado que no maltrate los pies. Estas son las claves para mantener a raya las complicaciones y asegurar que nuestros pies, que nos llevan a todas partes, estén protegidos.
En resumen, la vaina es clara: atender una lesión en el pie diabético desde sus primeras etapas y evitar los tratamientos caseros sin supervisión profesional puede hacer la diferencia entre una recuperación sencilla y un ‘lío’ mayor. El doctor Max Guerra, con todo su conocimiento y experiencia, nos llama a la prudencia y a poner nuestra salud en manos de quienes saben. No hay que inventar, mi gente, cuando la vida y la calidad de vida están en juego.
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