¡Diablos, mi gente! La ‘vigilancia’ en Nueva York es un ‘klk’ que te dejará frío

Cuando uno sale a darse una vuelta por Nueva York, la verdad es que pocas veces se detiene a pensar en la cantidad de ojos electrónicos que nos están siguiendo. Pero según la noticia, un periodista hizo precisamente eso en su propio barrio y se dio cuenta de que ‘esa vaina’ de la vigilancia masiva está mucho más arraigada de lo que imaginamos. La sorpresa fue mayúscula al reunirse con Michelle Dahl, directora ejecutiva del Proyecto de Supervisión de Tecnología de Vigilancia, quien le abrió los ojos a un mundo donde hasta las cámaras más diminutas, a simple vista, están ‘de lo más bien camuflás’ en postes y farolas.

Lo que descubrió es que estas cámaras no son solo puntos aislados, sino parte de un entramado gigante: el Domain Awareness System del Departamento de Policía de Nueva York (DPNY). Este sistema, que funciona con inteligencia artificial, conecta más de 80,000 cámaras con drones, datos de redes sociales e incluso herramientas que rastrean vehículos al moverse entre estados. Según Dahl, cualquier agente de la ciudad puede acceder desde su teléfono y consultar el perfil de casi cualquier persona que camine por la calle, creando ‘una chercha’ con tus datos y tus movimientos por ‘un viaje de’ tiempo.

Pero este ‘klk’ de la vigilancia no es solo cosa de Nueva York. A lo largo y ancho de Estados Unidos, la vida de las personas está bajo el ojo de sistemas de vigilancia masiva que se expanden sin parar. La noticia destaca la polémica alrededor de Flock Safety, una empresa que ha estado en el ojo del huracán. Sus sistemas han sido utilizados por policías para seguir a parejas o exparejas, y hasta para monitorear a una mujer que se había sometido a un aborto, lo que ha levantado un ‘lío bacano’ sobre el equilibrio entre privacidad y seguridad.

La magnitud de Flock Safety es impresionante; la compañía afirma operar más de 100,000 cámaras en 6,000 localidades y escanea vehículos 20,000 millones de veces al mes. Además, fabrican herramientas de reconocimiento facial que permiten a las fuerzas del orden ver mucho más allá de sus límites territoriales. El reporte cuenta el caso de un sheriff de Texas que, supuestamente, accedió a más de 83,000 cámaras de Flock para localizar a una mujer en un caso relacionado con el aborto, cruzando fronteras estatales.

A pesar de que Flock defiende que sus herramientas son clave para resolver delitos, la realidad es que se han documentado al menos 46 casos de agentes de policía usando sus sistemas para fines no autorizados. Después de meses de quejas, la empresa implementó medidas de seguridad y calificó el uso indebido como una ‘traición al propósito’. Sin embargo, más de 50 ciudades han roto contratos con ellos este año. Aun así, Flock asegura que la gente que quiere sus servicios sigue superando con creces a los que se montan en otra guagua, demostrando que ‘el tigueraje’ de la vigilancia sigue creciendo.

Detrás de este mundo en expansión de la infraestructura de vigilancia, hay un debate profundo sobre cómo se ejerce la labor policial. Rindala Alajaji, de la Electronic Frontier Foundation, critica la idea de que más vigilancia nos hace más seguros. Ella sostiene que esta tecnología puede hacer el mundo más peligroso, citando casos de inocentes criminalizados por ser testigos o interceptados con armas por la policía debido a lecturas erróneas de matrículas, lo que demuestra ‘cuánto pleito ha traído esta vaina’.

Para los que están en EE.UU., existen herramientas como el Atlas of Surveillance de la EFF o DeFlock, que ayudan a ubicar estas cámaras en los barrios. Aunque no son completamente fiables, sirven para que la gente sepa lo que hay. La noticia menciona que, incluso con estas herramientas, se localizaron cuatro cámaras con inteligencia artificial a poca distancia de la casa del periodista. Es un ‘coro bacano’ para que la gente despierte y se le meta en el medio a los políticos para que legislen sobre esta creciente ‘vigilancia’.

Al final, la experiencia del periodista en Nueva York fue contundente. Después de un recorrido, se dio cuenta de que estuvo bajo constante vigilancia. Al despedirse de Dahl y entrar a su oficina, incluso el ascensor tenía una reluciente cámara negra. ‘¡Diablos!’, pensó. La ‘vaina’ es que, al parecer, dondequiera que uno vaya, alguien está observando, y es hora de que la ciudadanía tome conciencia de esta realidad que nos rodea.

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