¡Pero klk con la geografía que nos enseñaron, mi gente! Si te preguntan cuántas veces cabe Groenlandia en África, uno de una vez piensa ‘un par de veces’, ¿verdad? Pues ¡puro disparate! Según la noticia, la Asamblea General de Naciones Unidas le ha metido mano a esa ‘vaina’ y adoptó una resolución el 4 de septiembre de 2026 que busca poner las cosas en su sitio. Resulta que África es ¡catorce veces más grande que Groenlandia! La forma en que vemos el mundo en los Mapas escolares tiene un ‘viaje’ de errores y la ONU quiere que cambiemos el chip de una vez por todas.
La distorsión cartográfica, popularizada por la proyección de Mercator, ha estado engañando a generaciones. Este mapa, creado en 1569 por el reconocido cartógrafo Gerardus Mercator, fue diseñado con un objetivo súper específico: ayudar a los navegantes. Era una herramienta ‘jevi’ para trazar rutas, pues permitía que una línea recta en el papel representara un rumbo constante con brújula. Pero el ‘tigueraje’ de ese mapa es que, para lograr eso, estira las tierras que están más lejos del ecuador, haciéndolas parecer mucho más grandes de lo que son en la realidad. Por eso vemos a Groenlandia casi tan grande como África, cuando la verdad es otra.
La ‘ñapa’ de todo esto es que, como nos explicó el gran matemático Carl Friedrich Gauss en 1827 con su ‘Theorema Egregium’, es imposible proyectar una esfera como la Tierra en un plano sin deformarla, ya sea estirándola o rompiéndola. Cualquier mapa plano que hagamos siempre va a sacrificar algo. La proyección de Mercator sacrificó la superficie para mantener las formas y los ángulos (por eso los barcos la usaban), pero las proyecciones que la ONU recomienda ahora, las de áreas equivalentes como la ‘Equal Earth’, hacen justo lo contrario: sacrifican un poco la forma para ser más honestas con los tamaños reales de los continentes. Esto es un ‘chulo’ para entender mejor nuestro mundo.
La resolución A/80/L.104, apoyada por 164 países (con Estados Unidos en contra y seis abstenciones), no es una ley que te obliga a quemar los viejos atlas. No, qué va. Es una recomendación fuerte, simbólica y pedagógica, principalmente impulsada por países africanos. Su meta es que en los libros de texto, los atlas escolares y los medios de comunicación se utilicen proyecciones que muestren el mundo con sus tamaños de verdad. Esto no cambia ‘na’ en los mapas digitales que usas en el teléfono, porque esos tienen otra función técnica, ni afecta las fronteras políticas. Solo busca darnos una perspectiva más real del planeta, que falta nos hace.
Piénsalo bien: crecer viendo un mundo donde Europa parece del mismo tamaño que Sudamérica (cuando esta es casi el doble) o donde la Antártida parece un continente enorme, cuando en realidad es mucho más pequeña, te forma una idea ‘media rara’ del planeta. Esa distorsión visual, aunque no se ha medido con exactitud su impacto político, sí ha contribuido a consolidar una imagen eurocéntrica. Cambiar eso en los salones de clase sería un ‘palo’, porque la juventud dominicana, y del mundo entero, tendría una base más certera para entender la geopolítica y la demografía global. Es una cuestión de equidad cartográfica.
Ahora bien, meter este cambio es un ‘viaje de trabajo’. No hay presupuesto asignado ni una fecha límite fija. Implica rehacer atlas, manuales, infografías y un ‘coro’ de bases de datos gráficas. Es una conversación que recién empieza, no que se cierra de una vez. La idea no es decir que un mapa es el ‘verdadero’, sino entender que cada mapa tiene su propósito. Uno para navegar sin perder el rumbo, y otro para enseñarnos el tamaño de las cosas con justicia. La resolución de la ONU es un paso ‘bacano’ para que tengamos una visión más balanceada de nuestro hogar, la Tierra.
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