Desde hace un par de décadas, la ‘chercha’ sobre los peligros existenciales de la Inteligencia Artificial (IA) ha estado ahí, cocinándose a fuego lento. No es una vaina nueva, ni un relajo de ahora, como muchos podrían pensar. Antes de que ChatGPT se pusiera de moda y nos dejara a todos boquiabiertos, ya figuras como Elon Musk, según la noticia, venían diciendo en 2017 que urgía regular la IA para que no se convirtiera en un peligro para la humanidad. La idea de un ‘Apocalipsis IA’ por un descontrol de esta tecnología lleva años en el tapete, aunque ahora es que ha cogido su verdadero peso y atención.
Los inicios de este movimiento ‘doomer’, que alerta sobre los riesgos de la IA, se remontan al año 2000 con la formación del Machine Intelligence Research Institute (MIRI). Aunque al principio no estaban tan enfocados en el fin del mundo, ya para 2005 comenzaron a advertir sobre los riesgos existenciales que podía traer la inteligencia artificial. Después, en 2009, uno de los cofundadores del MIRI, Eliezer Yudkowsky, ayudó a crear LessWrong, una comunidad donde se hablaba mucho de la amenaza de una singularidad tecnológica, mezclando ideas de transhumanismo y altruismo eficaz. De ahí, salió la visión clara: si la IA nos supera y no la alineamos con nuestros objetivos, nos puede dar un gran ‘jalón de orejas’ como humanidad.
Esa ‘alerta temprana’ no cayó en saco roto del todo. Las élites tecnológicas de entonces empezaron a soltar un viaje de millones para el movimiento. La noticia menciona que, por ejemplo, en 2015, el reconocido Elon Musk donó diez millones de dólares para becas que formaran investigadores en IA segura. Ese mismo año, él y otras luminarias del mundo tech y de la IA, como Stephen Hawking o Geoffrey Hinton, firmaron un manifiesto a través del Future of Life Institute, pidiendo más investigación y asegurando que ‘Nuestros sistemas de inteligencia artificial deben hacer lo que nosotros queramos que hagan’. Incluso, el conocido Bill Gates se sumó a la conversación, preocupado por la creación de una superinteligencia. Pero, la verdad sea dicha, en esa época el tono era más prudente, no era tan alarmista como lo hemos visto últimamente.
La ‘chercha’ sobre el fin del mundo por la IA se aquietó un poco por unos años, pero en 2023, con la explosión de GPT-4, la cosa cogió otro nivel, volviendo con una fuerza de verdad. Se publicaron dos cartas abiertas que pusieron a todo el mundo a hablar. La primera, de nuevo por el Future of Life, pedía parar el entrenamiento de nuevos modelos por al menos seis meses, y la firmaron figuras como Steve Wozniak, Elon Musk y Max Tegmark. Pero fue unos meses después, en mayo, cuando se soltó la ‘bomba’ en una segunda carta de la ONG Center for AI Safety. Ahí sí se dijo la palabra mágica: ‘extinción’. La frase que se regó por todos lados fue: ‘Mitigar el riesgo de extinción por la IA debería ser una prioridad mundial’. Firmantes de peso como Geoffrey Hinton, Dario Amodei y hasta Sam Altman, según el reporte, estaban en ese coro.
El conocido Geoffrey Hinton, premio Nobel de Física, ha sido una de las voces más insistentes en los riesgos de que una IA nos supere, mostrando un pesimismo que venía de antes de su reconocimiento. Y si a eso le sumamos que en 2025, Eliezer Yudkowsky y Nate Soares, del MIRI, lanzaron un libro con el título ‘Si alguien la construye, todos moriremos: por qué una IA sobrehumana nos mataría a todos’, se nota claro cómo el discurso ha ido ‘subiendo la temperatura’ con el tiempo.
Más reciente aún, el reconocido Evan Hubinger, actual jefe de alineamiento de Anthropic, ha puesto la vaina más caliente al decir que hay un 10% de posibilidades de que la IA acabe con la humanidad, según el artículo. Esto no es un dato cualquiera, ya que él, trabajando directamente en la seguridad de uno de los laboratorios top de IA, ‘sabe de qué pie cojea’. Además, su trayectoria profesional lo conecta directamente con los orígenes de este movimiento ‘doomer’, habiendo trabajado en el MIRI y en el Center for AI Safety. Esto lo pone en una posición única para conocer los modelos de cerca.
Ojo, que esto no significa que no existan riesgos, ¡para nada! Incidentes como los de OpenAI y Hugging Face demuestran que los modelos pueden causar daños si no se alinean bien con nuestros objetivos, y con la capacidad de automejora recursiva de la IA, los riesgos podrían multiplicarse. Pero hay un trecho entre eso y hablar de una extinción en menos de diez años. Este grupo, según la noticia, lleva años repitiendo las mismas consignas: una IA que nos superará, un riesgo existencial que necesita acción ya, y ellos con el plan para evitar el apocalipsis. Sin embargo, toda esta ‘chercha’ apocalíptica, aunque atrae la atención, a veces desvía el enfoque de otros riesgos más concretos y presentes.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



