¡Mi gente, la cosa está seria! Asegún un reciente informe, el Ministerio de Vivienda, Hábitat y Edificaciones (Mivhed) anda con los ojos bien puestos en un detalle que, aunque parezca una ‘vaina’ sin importancia, nos puede salir caro: la seguridad sísmica de nuestras construcciones. Resulta que la mayoría de las observaciones que este organismo le hace a los proyectos revisados, se relacionan con estructuras que podrían pasar un mal rato si se presentara un temblor de tierra. Esto es de suma importancia en un país como el nuestro, ubicado en una zona sísmicamente activa.
El Mivhed ha detallado una serie de ‘guayabitas’ que se encuentra con frecuencia. Estamos hablando de omisiones de cargas importantes en los análisis, un acero de refuerzo deficiente, dimensiones insuficientes para elementos estructurales como columnas y vigas, y conexiones inadecuadas. También detectan problemas de estabilidad en las cimentaciones –¡tremenda vaina!–, inconsistencias entre cálculos y planos, y memorias de cálculo incompletas. Esto demuestra que el ‘tigueraje’ para construir sin seguir las normas puede tener consecuencias graves.
De acuerdo al reporte, la Ley 160-21, que creó el Mivhed, le otorgó competencias clave en regulación y supervisión de edificaciones. Complementariamente, el Reglamento R-004 establece el procedimiento para inspeccionar obras privadas. Antes de dar el visto bueno, el ministerio revisa la capacidad sísmica del diseño, la distribución de elementos, la cimentación, estudios geotécnicos y desplazamientos previstos. No es solo construir por construir; hay un ojo vigilante para asegurar que las cosas se hagan ‘a la maleta’.
Si la documentación no cumple, el Mivhed emite un dictamen con correcciones y no suelta la aprobación hasta que se demuestren los requisitos mínimos de seguridad. Pero la cosa no se queda solo en los planos. Una vez iniciada la obra, si se detecta que se aparta de lo aprobado o presenta vicios estructurales, el ministerio puede exigir nuevos cálculos, rediseños, refuerzos y hasta paralizar los trabajos para corregir la situación. ¡No se juega con eso!
Aquí viene un ‘pero’: las inspecciones durante la construcción no son automáticas. El Reglamento R-004 y el Mivhed confirman que el director o desarrollador de la obra es quien debe solicitar y coordinar las revisiones en cada etapa. Si una fase se queda sin inspeccionar por falta de solicitud, se exige una evaluación estructural de esa parte. De hecho, una licencia de construcción se considera nula si la obra no pasa por todas las inspecciones requeridas y no se depositan los resultados de las pruebas y ensayos correspondientes. ¡Hay que estar pilas!
Para ponerle un ‘toque’ final, el nuevo Código de Construcción de la República Dominicana, oficializado en abril de 2026 y en transición hasta abril de 2027, también exige la inspección final como parte esencial del proceso de terminación de una obra. O sea, que la ‘chercha’ se acabó con eso de construir a la ligera. Se busca que la certificación de aprobación del ministerio acompañe la recepción de la obra.
A pesar de estas exigencias, el Mivhed no pudo ofrecer estadísticas detalladas sobre cuántos proyectos han sido específicamente observados, modificados o rechazados por temas de seguridad sísmica en los últimos cuatro años. La institución explicó que no tiene un registro consolidado con ese nivel de detalle, enfocándose más en solicitudes y licencias emitidas. Saber cuántos proyectos arrancan con ‘fallas de origen’ que podrían comprometer su resistencia es, por ahora, una ‘misión imposible’ con los datos disponibles.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




