En el corazón de nuestra Quisqueya, una situación que nos toca el alma está saliendo a la luz, según un informe del Defensor del Pueblo. Hablamos de la dolorosa ‘vaina’ de las desapariciones, una realidad que mantiene a un viaje de familias dominicanas viviendo en un verdadero limbo sin fin. Este estudio, titulado ‘Diagnóstico Integral sobre Desapariciones No Voluntarias en República Dominicana’, nos pinta un cuadro bien serio sobre la angustia de los que buscan a sus seres queridos, detallando fallas profundas en la comunicación y el seguimiento de las autoridades.
El reporte, que recogió testimonios de 74 familias con parientes desaparecidos desde 2020 hasta 2025, revela un dato que te deja frío: apenas una de cada diez familias tiene una idea clara del paradero de su pariente. Imagínate esa situación, la incertidumbre constante. Esto es la verdad pura y dura que enfrentan muchos de los nuestros, evidenciando una brecha de información que agrava el sufrimiento y el duelo crónico.
Un caso que, aunque no fue parte de este informe, refleja la problemática es el de Ángel Alfredo Nicacio Tejeda, de 35 años, desaparecido desde el pasado 12 de septiembre. Su familia ha virao’ el país del revés, buscándolo en hospitales, cuarteles y aeropuertos, pero las autoridades correspondientes no han dado con su paradero. Esta situación subraya la inefectividad de las búsquedas, dejando a los familiares con las manos atadas y el corazón en la boca.
El diagnóstico profundiza en quiénes son los más afectados por estas desapariciones no voluntarias. Asegún los datos, una buena parte son adultos jóvenes, con el 28.1% entre los 20 y 29 años, y un 18.8% en el rango de 30 a 39 años. Pero no nos podemos olvidar de nuestros envejecientes: uno de cada cinco desaparecidos tiene 60 años o más, y muchos de ellos, lamentablemente, con condiciones como demencia o alzhéimer, lo que los hace aún más vulnerables.
La crítica al sistema es palpable. Más de la mitad de las familias, un 54.5%, afirma que nunca recibió información o se encontró en un limbo informativo por parte de las autoridades. ¿Y la denuncia? ¡Ni se diga! Un 53% calificó el proceso como difícil o muy difícil, con trabas que van desde requisitos excesivos hasta la negativa directa a aceptar la denuncia en el 19% de los casos. Es como si te dieran con la puerta en la cara cuando más necesitas un empuje del sistema de justicia.
Lo más ‘jarto’ del asunto es que un 31% de los familiares afirmó que, tras la denuncia, las autoridades nunca tomaron acciones concretas. Esto obliga a la gente a ‘privatizar la búsqueda’, es decir, a buscarse la vida por su cuenta, gastando de su propio bolsillo y haciendo de detectives. Una carga económica y emocional que muchos no pueden sostener, especialmente cuando sus ingresos per cápita apenas superan los 12 mil pesos mensuales.
Las consecuencias psicológicas para los familiares son devastadoras. El 87% sufre de alteraciones del ánimo por la pérdida ambigua y el duelo crónico. Dificultad para dormir (66%), intranquilidad y miedo (58.5%), y falta de ánimo para las tareas cotidianas (45.3%) son el pan de cada día. Y lo peor de todo, según el estudio, es que la mitad de estas familias nunca recibió apoyo psicológico profesional. Una situación que grita a voces la necesidad de un sistema de apoyo integral en momentos tan críticos.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



