¡Klk, gente del patio! Ya han pasado casi cinco meses desde aquel 24 de noviembre que se armó un ‘lío’ mayúsculo en el Aeropuerto Internacional Las Américas (AILA) por un apagón que nos dejó a muchos con la boca abierta. La vaina duró casi nueve horas, dejando a miles de pasajeros en olla y a un viaje de vuelos con atrasos y desvíos. Desde entonces, el gobierno del presidente Luis Abinader prometió que Aerodom soltaría cinco millones de dólares como penalidad. Pero, ¡ay, mi madre!, sobre el mentado Apagón AILA y el pago de esa sanción, hay un silencio que ni un velorio.
El presidente Abinader, en su encuentro semanal con la prensa, aseguró que la empresa estaba en ‘proceso de pago’, según le había chismeado el director del Departamento Aeroportuario, Víctor Pichardo. ¿’Proceso de pago’? ¡Jeje! Parece que ese ‘proceso’ va más lento que un colmado en un día de lluvia. A la hora de la verdad, ni el Departamento Aeroportuario ni Aerodom han soltado la prenda de si la plata ya se vio o si es pura chercha. Es como que se hacen los de la vista gorda con esta situación tan delicada para la imagen del país y la confianza de los que usan nuestro principal aeropuerto. La gente quiere saber qué es lo que hay, no andar adivinando.
Pero el ‘coro’ no termina ahí. Aerodom insiste en que no es una multa, sino un ‘compromiso de inversión’ ya establecido en el contrato. ¡Asegún! Juristas de peso han levantado la ceja, diciendo que la Comisión Aeroportuaria, que impuso la ‘sanción’, quizás se pasó de la raya. La Constitución y las leyes dominicanas son claras: quien sanciona debe tener la potestad legal, y muchos apuntan a la Superintendencia de Electricidad como la entidad competente. Si esto es así, la vaina se podría convertir en un ‘lío’ jurídico de los buenos, que al final podría salirnos más caro el collar que el perro.
Un aeropuerto como el AILA es la carta de presentación de nuestro país al mundo. Cuando ocurren apagones de esa magnitud, no solo se afecta a los pasajeros, sino que le damos un golpe bajo a nuestra imagen turística. República Dominicana vive del turismo, y que nuestro aeropuerto principal tenga fallas eléctricas de ese calibre nos pone ‘en olla’ frente a los ojos internacionales. No se trata solo de la platica de la multa, sino de la reputación que nos jugamos cada vez que un incidente así sale a flote. La gente espera servicios de calidad, y si vamos a ser un destino de primera, nuestra infraestructura debe estar a la altura.
Las concesiones aeroportuarias, como la de Aerodom (parte de Vinci Airports), buscan eficiencia pero conllevan la responsabilidad de mantener operatividad y seguridad. No es la primera vez que Vinci Airports está en el ojo del huracán; el propio presidente Abinader había lanzado advertencias sobre la construcción de una nueva terminal. Estos ‘líos’ pueden terminar en arbitrajes internacionales, lo que limita el margen de maniobra del gobierno y hace que los reclamos se manejen con pinzas. ¡Ahí sí que la vaina se pone jevi de verdad!
Mientras tanto, y como si no pasara nada con la famosa multa, Aerodom acaba de adjudicar a Ingeniería Estrella la rehabilitación de la pista principal del AILA, una inversión que supera los 20 millones de dólares. Esto es parte de sus obligaciones contractuales de mantenimiento. Uno se pregunta, ¿será que esta inversión es una forma de compensar o desviar la atención del pago de la sanción de los 5 millones? El ‘pueblo’ dominicano se merece transparencia, y que esta vaina del apagón y su penalidad no se quede en el aire. La infraestructura de nuestro aeropuerto es demasiado importante para que se maneje con tanto misterio. Queremos ver la claridad, ¡de una vez por todas!Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




