¡Qué ‘vaina’ más seria! La enfermedad de Alzheimer, esa que nos ‘arropa’ y nos quita la memoria a nuestros viejos, concentra entre el 60 % y el 70 % de todos los casos de demencia a nivel mundial. Y aquí en la República Dominicana, esta condición se está perfilando como uno de los principales retos de salud pública, debido al constante envejecimiento de nuestra población. El Ministerio de Salud Pública, en el marco del Día Mundial del Cerebro, ha puesto el grito en el cielo, alertando que más de 100,000 dominicanos podrían estar padeciendo algún tipo de demencia. Esto nos obliga a prestar atención, ¡de una vez! para el Alzheimer y Demencia.
Según el reporte, especialistas recalcan que casi la mitad de estos casos podrían prevenirse o al menos retrasarse significativamente si cambiamos ciertas cositas en nuestro estilo de vida. El boletín epidemiológico de la semana 26 se enfocó precisamente en la salud cerebral, destacando que las demencias son una causa principal de discapacidad y dependencia entre nuestros envejecientes. Esta situación, señores, genera un impacto cada vez más grande en los sistemas de salud, nuestras familias y todos esos cuidadores que se fajan día a día con esta enfermedad.
A nivel global, la situación tampoco está para ‘cherchas’. Se estima que más de 57 millones de personas viven con demencia, y cada año se diagnostican cerca de 10 millones de casos nuevos. Si la cosa sigue así, para el 2050, el número de afectados podría dispararse a 152 millones, impulsado principalmente por el mismo fenómeno que nos afecta aquí: el envejecimiento de la población mundial.
Aquí en el patio, nuestra principal referencia epidemiológica viene del estudio 10/66 Dementia Research Group, que en su momento estimó una prevalencia de demencia de un 11.7 % entre las personas de 65 años o más que vivían en una zona urbana de Santo Domingo. Aunque el Ministerio de Salud Pública aclaró que esta investigación no es una estimación nacional y sus resultados no deben extrapolarse a todo el país, sí lo utilizó como un ejercicio ilustrativo, mostrando que esa prevalencia equivaldría a más de 100,000 personas con demencia en nuestra población de 65 años y más. ¡Un ‘coro’ de gente que necesita atención!
Pero no todo está perdido, mi gente. La misma institución informó que un nuevo estudio, el Caribbean American Dementia and Aging Study (Cadas), ofrecerá próximamente las primeras estimaciones nacionales sobre la frecuencia de la demencia y otros indicadores relacionados con el envejecimiento cerebral. Esa información será clave, ¡será una ‘jevi’ guía! para nuestras políticas públicas y la planificación de los servicios de salud.
Coincidiendo con el llamado de Salud Pública, especialistas de Mayo Clinic enfatizan que las mismas decisiones relacionadas con el estilo de vida que nos ayudan a prevenir enfermedades cardiovasculares también disminuyen el riesgo de deterioro cognitivo y la enfermedad de Alzheimer. El doctor Bryan Woodruff, reconocido neurólogo cognitivo de Mayo Clinic en Arizona, afirmó que ‘lo que es bueno para la salud en general también es bueno para el cerebro’. Explicó que, aparte de las placas de beta amiloide y las proteínas tau anómalas del Alzheimer, muchos pacientes también presentan daños en los vasos sanguíneos cerebrales y microinfartos. Esos son pequeños accidentes cerebrovasculares que pasan sin que nos demos cuenta y que reducen el oxígeno y los nutrientes que le llegan al cerebro. ‘El cerebro, al igual que cualquier otro órgano del cuerpo, depende del sistema cardiovascular’, señaló.
El especialista insistió en que la prevención comienza mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas. Por eso, recomendó controlar desde edades tempranas los principales factores de riesgo cardiovascular, como la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol elevado, el sobrepeso y el tabaquismo. ‘Cuanto antes se aborden estos factores, mayor será el beneficio para el cerebro’, afirmó. Esto significa que cuidar nuestro ‘corazoncito’ también es cuidar nuestro ‘coco’.
Además de un buen chequeo médico, el doctor Woodruff aconsejó seguir una alimentación cardiosaludable, como la dieta mediterránea, que está basada en frutas, verduras y alimentos poco procesados. También es vital dormir las horas suficientes, ya que el insomnio se ha relacionado con un mayor deterioro cognitivo. Mantener una vida social activa, corregir problemas de audición y visión que puedan afectar la memoria, y evitar el uso prolongado de medicamentos sedantes sin supervisión médica, son otras claves. ¡Ah, y no se nos puede quedar el ejercicio físico regular! Un amplio estudio encontró que el deterioro cognitivo es hasta dos veces más frecuente entre las personas que no se mueven.
Aparte del ejercicio físico, el especialista recomienda mantener el cerebro activo mediante el aprendizaje de nuevas habilidades y actividades intelectuales. Estas experiencias fortalecen lo que llaman ‘reserva cognitiva’, una capacidad que ayuda al cerebro a compensar los cambios asociados al envejecimiento y las enfermedades neurodegenerativas. ‘La reserva cognitiva no significa que uno sea inmune, pero proporciona cierto margen de protección frente a un problema neurodegenerativo’, explicó. El boletín epidemiológico de Salud Pública también advierte que la carga real de la enfermedad podría ser mayor debido al subdiagnóstico. Muchas veces, la gente ‘asegún’ cree que la pérdida de memoria es parte normal del envejecimiento, o desconocen los síntomas iniciales. A esto se le suma el estigma y las limitaciones para acceder a una evaluación especializada, especialmente fuera de los grandes centros urbanos. La Organización Mundial de la Salud (OMS), citada en el documento, indica que en muchos países una gran proporción de las personas con demencia permanece sin diagnóstico, lo que retrasa el tratamiento y el apoyo que necesitan tanto los pacientes como sus familiares.
Pero, como dice el pueblo, ‘¡hay luz al final del túnel!’. Salud Pública destaca que la evidencia científica indica que hasta un 45 % de los casos de demencia podrían prevenirse o retrasarse reduciendo los factores de riesgo modificables a lo largo de la vida. Así que ya saben, ¡a cuidarse, que la salud del ‘coco’ es lo primero!
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