¡Mi gente, pongan atención a esta noticia que está de lo más interesante! El Banco Central de la República Dominicana (BCRD), en su reunión de política monetaria de septiembre de 2026, decidió meterle ‘candela’ a su tasa de interés de política monetaria (TPM), aumentándola en 25 puntos básicos. Así, la tasa pasó de un 5.25 % a un 5.50 % anual, según lo publicado. Esto, sin duda, es una vaina que impacta directo en el bolsillo de to’ el mundo, desde el que busca un préstamo hasta el que tiene sus ahorritos.
Esta medida, de acuerdo al reporte, no es por relajo; tiene un carácter preventivo. El BCRD busca con esto preservar las expectativas de inflación y evitar que los precios se disparen aún más, evitando esos ‘efectos de segunda vuelta’ sobre los artículos que consumimos día a día. Estamos en un contexto donde los choques de oferta han sido más persistentes de lo que se esperaba, lo que pone al Banco a tener que moverse para mantener la estabilidad que tanto nos gusta.
Y es que los riesgos inflacionarios han subido, como la espuma, en este septiembre. Los precios del petróleo y sus derivados se han ido por las nubes, debido a cómo se ha puesto el conflicto bélico en Medio Oriente. A eso hay que sumarle los líos en el transporte global de mercancías y unas condiciones climáticas que no ayudan en nada. Todo esto hace que las condiciones financieras internacionales se pongan más apretadas, y eso, ¡claro!, nos afecta a nosotros en el patio.
Si echamos un ojo pa’ fuera, vemos que la cosa está caliente en otros lados también. En Estados Unidos, la economía sigue fuerte y la inflación, aunque ha bajado un poco, sigue por encima de su meta. Por eso, la Reserva Federal de allá le subió la tasa a los cuartos en septiembre, y hasta se rumora que podría subirla otra vez. En la Zona Euro, pasa algo similar: la actividad económica va mejorando, pero la inflación también está alta, y el Banco Central Europeo (BCE) hizo lo mismo, aumentando su tasa.
No solo eso, el precio del barril del petróleo, el famoso WTI, llegó a pasar de los 100 dólares a mediados de septiembre, aunque después se moderó un chin a unos 90. Pero lo que hay que resaltar es que los combustibles refinados, los que usamos en nuestras guaguas, subieron más que el crudo. Imagínate esa vaina. Por otro lado, el oro, ese metal precioso, se ha mantenido más tranquilo, rondando los 4,200 dólares por onza troy.
Aquí en nuestro país, la inflación interanual, afortunadamente, ha ido bajando gradualmente, desde un 5.67 % en junio a un 5.13 % en agosto. La inflación subyacente también se moderó, manteniéndose dentro del rango objetivo. Esto se debe, en parte, a los subsidios que ha metido el Gobierno dominicano para que el incremento del petróleo no se sienta tan fuerte en los bolsillos de la gente, un esfuerzo bacano para suavizar la cosa.
Según el sistema de pronósticos del BCRD, se espera que la inflación interanual vuelva a su rango meta del 4.0 % ± 1.0 % en el último trimestre del año. Las expectativas de inflación a mediano plazo se mantienen ancladas, lo cual es un indicio de confianza. Sin embargo, no hay que dormirse, porque las perspectivas inflacionarias aún presentan riesgos de subida, condicionados por los conflictos bélicos globales y cómo los fenómenos climáticos puedan afectar los precios de los alimentos.
A pesar de este panorama complejo, la economía dominicana ha mostrado un desempeño jevi en 2026, con una expansión del 4.5 % en los primeros ocho meses. Sectores como la construcción, la intermediación financiera y los hoteles, bares y restaurantes están impulsando este crecimiento. Se proyecta que el país mantenga un crecimiento robusto, de los más altos de América Latina, gracias a la inversión y la resiliencia de nuestro sector externo, ¡un verdadero orgullo!
El dinamismo de nuestras actividades que generan divisas ha sido clave para la estabilidad relativa del tipo de cambio, con una apreciación acumulada del peso dominicano de un 6 % al cierre de septiembre de 2026. Además, las reservas internacionales están más que sólidas, superando con creces lo recomendado por el Fondo Monetario Internacional. Esto nos da una seguridad financiera que no es poca cosa en estos tiempos tan inciertos.
En resumidas cuentas, la economía dominicana cuenta con fundamentos muy fuertes, un sistema financiero robusto y un sector privado que le echa ganas. Junto con las acciones coordinadas de política monetaria y fiscal, estamos bien parados para seguir sorteando el desafiante panorama internacional. El Banco Central seguirá con su ‘ojo avizor’, monitoreando cada movimiento para adoptar las medidas necesarias y asegurar que cumplamos con la meta de inflación y mantengamos la estabilidad macroeconómica del país.
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