¡Klk, mi gente! Hay un viaje de billetes, más de 308 mil millones de dólares, metidos en el ‘coro’ de las Stablecoins, esas monedas digitales que buscan mantener su valor atado a una divisa, mayormente al dólar. Asegún los datos de Token Terminal, la inmensa mayoría, un 87% de esa vaina, se mueve en redes descentralizadas como Ethereum y Tron, dejando a los bancos, con su tigueraje, mirando desde la grada. Este fenómeno no es poca cosa; es un claro indicio de cómo la tecnología blockchain ha democratizado el acceso a ciertos servicios financieros, poniendo un freno al control tradicional.
Y es que, aunque los banqueros andan inventando y buscando la fórmula para meterse en este bacano negocio, la realidad es que el camino es largo, ¡larguísimo! Por ahora, los validadores y ‘stakers’ tradicionales, o sea, la gente que mantiene vivas y seguras estas redes, son los que están haciendo su agosto con las comisiones. Ethereum, con un 58%, y Tron, con un 29%, son los reyes de esta chercha, demostrando que la infraestructura abierta y sin permisos está de lo más bien y sigue siendo la preferida para mover este tipo de activos digitales.
Más allá de Ethereum y Tron, vemos a Solana picando alante con un 4.4%, y luego vienen los ‘layer 2’ de Ethereum, como Arbitrum y Base, cogiendo su partecita. Lo curioso del caso es que las redes bancarizadas, tipo Tempo, Canton Network o Kinexys de JP Morgan, que son vainas diseñadas por los mismos bancos, no están ni en la pelea. Estas plataformas, que prometen eficiencia y seguridad, no logran destronar el flujo de Stablecoins en las redes abiertas. Esto nos hace pensar en la filosofía detrás de estas tecnologías: ¿es el control centralizado el futuro, o la libertad de un sistema donde cualquiera puede participar?
La clave de esta situación, y lo que la hace tan ‘chula’, es cómo se distribuyen las ganancias. En el modelo descentralizado, las comisiones por transacciones o servicios no van a parar a los bolsillos de un puñado de consorcios bancarios o a un grupito selecto de ‘insiders’. ¡Qué va! Se distribuyen entre la gente, entre esa masa anónima de cualquier rincón del mundo que decide apoyar la red. Esto es un cambio de juego, una forma de empoderar al pueblo llano. Claro, esta vaina no es inmutable y podría cambiar si la banca tradicional logra imponer su modelo, pero por ahora, el poder está en el ‘coro’ de la comunidad cripto.
Ahora bien, ¿qué pasaría si esta tendencia se invirtiera? Imagínense que las Stablecoins, en vez de estar en Ethereum o Tron, se movieran mayormente por redes como Tempo o Kinexys. Las ganancias, de una vez, irían a parar a las manos de validadores mega-poderosos como Visa, Stripe o Zodia Custody, o a socios bancarios que ya conocemos. El modelo de Kinexys, por ejemplo, es 100% bancario y cerrado. Ahí no hay transparencia; nadie puede auditar esas transacciones, ni saber a dónde va el billete. ¡Un verdadero dolor de cabeza para la gente que valora la libertad financiera!
Es verdad que las Stablecoins tienen su punto débil; pueden ser congeladas o censuradas por órdenes internacionales, a veces con razón, otras veces de forma arbitraria. Además, por su diseño, tienden a la depreciación porque no son Bitcoin. Pero el hecho de que operen en redes abiertas y públicas como Ethereum o Tron es lo único que las separa de ser una mera extensión de las finanzas tradicionales. Si estas redes libres perdieran la batalla, diríamos, sin pelos en la lengua, que los bancos le han metido el pie a la tecnología inspirada en Bitcoin y que todo el sueño de las finanzas descentralizadas se fue a pique.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



