La comunidad dominicana de Juan López, junto a los sectores de La Laguna y Villatrina en Moca, se ha convertido en un ‘coro’ potente que se opone de frente al cierre del vital Cruce de Chero. Esta ‘vaina’ del proyecto vial, la circunvalación Moca–Estancia Nueva, en vez de traer un progreso bacano, ha encendido la chispa de la indignación. El reverendo Padre Rogelio Cruz, figura emblemática y voz autorizada de su gente, lidera esta lucha que exige justicia y transparencia, cuestionando no solo la decisión del cierre sino también el monto de la obra, una suma que, según muchos, parece una exageración.
La preocupación principal gira en torno a cómo este cierre afectaría el ‘tigueraje’ del día a día. Para los residentes y comerciantes, el Cruce de Chero no es solo una intersección; es el pulso de su economía local. Cerrarlo o limitar su acceso sería un golpe duro para los pequeños negocios, los agricultores que necesitan sacar sus cosechas y, en fin, para la movilidad de un viaje de gente que depende de esa vía para ir a la escuela, al trabajo o al médico. Es una cuestión de dignidad y de supervivencia, no una simple disputa por cemento y asfalto.
Históricamente, las comunidades de Moca, con su gente trabajadora y decidida, siempre han defendido lo suyo. Este rechazo no es una pataleta; es el resultado de la falta de comunicación y de la imposición de decisiones desde arriba, sin tomar en cuenta a los que están abajo, los que viven el problema. A los comunitarios les han negado información clara y concisa sobre las modificaciones del diseño original, lo que genera desconfianza y la sospecha de que hay gato entre macuto en esta obra. No es que estén en contra del desarrollo, ¡que va!, es que quieren un desarrollo que sea de verdad, que beneficie a todos y no que deje a la gente en el aire.
El Padre Rogelio, conocido por su incansable labor social y su valentía para enfrentar los poderes, ha sido un pilar fundamental en la organización de estas protestas. Desde marchas pacíficas hasta denuncias públicas, el ‘coro’ se mantiene firme. Él y los líderes comunitarios argumentan que el rediseño actual parece favorecer intereses particulares por encima del bienestar colectivo, una ‘chercha’ que se repite mucho en nuestro patio cuando de obras públicas se trata. Cuestionar el monto de la obra no es una simple curiosidad; es una exigencia de rendición de cuentas, un llamado a que el dinero del pueblo se invierta bien y no se esfume en el camino.
La gente de Juan López, La Laguna y Villatrina no se va a quedar con los brazos cruzados viendo cómo les quitan su paso. Han advertido que mantendrán la presión hasta que sus demandas sean escuchadas y se encuentre una solución justa y equitativa. No quieren un paliativo; quieren una solución duradera que garantice su acceso y su seguridad vial. La lucha por el Cruce de Chero es un recordatorio de que la voz de la comunidad, cuando se une, tiene un poder inmenso y que las autoridades, ‘asegún’ la Constitución, deben gobernar para el pueblo.
Este ‘pleito’ por el Cruce de Chero es más que una disputa local; es un espejo de los desafíos que enfrentamos como nación al balancear el progreso de la infraestructura con el respeto a la vida y los derechos de las comunidades. Es hora de que se dialogue de verdad, de que se pongan las cartas sobre la mesa y se busque una salida que sea ‘bacana’ para todos. La resiliencia y determinación de estos comunitarios son un ejemplo ‘jevi’ de que con unión y persistencia se puede lograr un cambio.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




