Desde San Francisco de Macorís nos llega una vaina que tiene a la comunidad en alerta: los padres, madres y representantes del centro educativo Eugenio María de Hostos han tomado la drástica decisión de cerrar la escuela. ¡Y con razón! Según el reporte, las instalaciones presentan un deterioro preocupante, con la presencia de varias grietas que, de una vez, levantan sospechas sobre la integridad estructural del edificio. Es un ‘klk’ serio, donde la seguridad de los muchachos es lo primero y lo más importante.
El vocero de esta movilización, Carlos Del Orbe, explicó que la preocupación principal radica en la posibilidad de un colapso o algún incidente grave. Imagínate tú, enviar a tu carajito a la escuela sin la certeza de que estará seguro. Además de las peligrosas grietas, el pozo séptico está a tope, una situación que no solo huele mal, sino que representa un foco de insalubridad que nadie quiere para sus hijos. El temor de los padres es que los estudiantes y el personal docente estén en riesgo constante, lo cual es totalmente entendible.
La educación es el pilar de cualquier sociedad que se respete, y en el patio nuestro, las escuelas son como un segundo hogar. Ver una institución como la Eugenio María de Hostos en estas condiciones precarias es un golpe duro para el desarrollo de nuestra juventud. El ambiente de aprendizaje debe ser seguro y propicio, no uno donde el miedo a que una pared se venga abajo sea el pan de cada día. Los líderes comunitarios aseguran que esta acción es un llamado desesperado para que las autoridades presten atención y actúen con la urgencia que la situación demanda.
En la historia reciente de nuestro país, lamentablemente, hemos visto un viaje de casos donde la infraestructura escolar se ha quedado atrás. La falta de mantenimiento y la construcción deficiente en algunos casos han provocado que muchas comunidades se vean en situaciones similares, afectando directamente la continuidad de la docencia. Esta situación en San Francisco de Macorís no es un hecho aislado, y pone de manifiesto la necesidad de una revisión exhaustiva de los centros educativos a nivel nacional para garantizar la tranquilidad de las familias.
El cierre de la escuela Eugenio María de Hostos no es un capricho, sino una medida de fuerza necesaria para presionar a que se le busque una solución efectiva y rápida a este disparate. Los padres están exigiendo que se haga una intervención seria, no un ‘parche’ que después traiga más problemas. La comunidad educativa espera que las respuestas no se queden en promesas, sino que se vean acciones concretas que permitan a los estudiantes regresar a sus aulas sin ningún tipo de riesgo. ¡El futuro del tigueraje no puede esperar!
Es hora de que las entidades responsables se pongan las pilas y den la cara. La educación de nuestros hijos no tiene precio, y su seguridad menos. Este tipo de protestas es el eco de una comunidad que se siente desatendida y que solo busca lo mejor para los suyos. Esperamos que este llamado de atención desde San Francisco de Macorís sirva para mover montañas y que la escuela Eugenio María de Hostos vuelva a ser un espacio seguro y chulo para todos sus estudiantes. ¡De una vez por todas!
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




