¡Atención, dominicanos y dominicanas! El panorama político de cara al 2028 ya se está poniendo más interesante que un juego de pelota entre Licey y Águilas en el noveno inning con bases llenas. Y es que el expresidente Hipólito Mejía, ese viejo lobo de mar de nuestra política, ha soltado una bomba que ha puesto a más de uno a pensar: asegura que su hija, la actual alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía, obtendrá una victoria “70-30” en una eventual carrera presidencial. ¡Un palo, señores, un palo contundente!
Esta declaración no es una más del montón; viene de Hipólito, un personaje que no se anda con chiquitas y que, cuando habla, el país escucha. Su estilo, siempre directo, sin rodeos, lo ha caracterizado durante toda su carrera política. Recordamos que Hipólito es de esos líderes que te dice la vaina de frente, con ese sabor a campo y pueblo que tanto nos identifica. Y ahora, con esa seguridad, tira esta cifra al ruedo, marcando de una vez por todas que la carrera por la silla presidencial para el 2028 ya empezó, y con su hija como protagonista.
¿Quién es Hipólito Mejía? Para los que no vivieron su época o para refrescar la memoria, es el político que gobernó la República Dominicana entre 2000 y 2004. Conocido como “El Tumbacoco” o “Papá”, por su cercanía con la gente y su manera de hablar “sin pelos en la lengua”, es una figura que genera opiniones divididas pero nunca indiferencia. Su gobierno enfrentó retos económicos importantes, pero su carisma y su conexión con el pueblo siempre fueron su fuerte. Es un hombre de campo, un agrónomo de pura cepa, y eso se le nota en cada gesto, en cada palabra. Que un político de esa estirpe se pronuncie con tanta vehemencia sobre el futuro de su hija, no es un asunto menor; es un empujón que no tiene precio dentro de las filas del Partido Revolucionario Moderno (PRM).
Pero hablemos de la figura central de este pronóstico: Carolina Mejía. La actual Alcaldesa del Distrito Nacional no es ninguna improvisada. Ella ha sabido labrarse su propio camino en un ambiente político tan complejo como el dominicano. Hija de un expresidente, sí, pero también una mujer con su propio liderazgo, su propio estilo y su propia visión. Su gestión al frente de la alcaldía ha sido objeto de análisis y, para muchos, ha estado de lo más bien, logrando avances significativos en la capital. Es una figura moderna, con una imagen más pulcra y enfocada en la gestión, lo que la diferencia un poco de la espontaneidad arrolladora de su padre.
Este respaldo público de Hipólito no es solo un gesto de padre orgulloso, sino una jugada maestra en el ajedrez político. Es un intento de consolidar la figura de Carolina como la candidata natural del oficialismo, justo en un momento crucial. El presidente Luis Abinader, por mandato constitucional, no puede optar por una nueva repostulación, lo que ha abierto de par en par la caja de Pandora de las aspiraciones dentro del PRM. De repente, un viaje de nombres han empezado a sonar, desde ministros hasta legisladores, todos con la esperanza de ser el elegido.
Cuando Hipólito Mejía dice que las encuestas se ganan “en el avance del pueblo” y no en los programas de opinión, está dando en el clavo. Está resaltando esa conexión vital con la gente de a pie, esa interacción en el barrio, en el colmado, en la guagua, que es donde verdaderamente se mide el pulso de la política dominicana. Es una crítica velada a la burbuja mediática y un recordatorio de que, al final del día, el que decide es el pueblo. Y si su hija está conectando con ese pueblo de una manera tan sólida como para justificar un “70-30”, pues ¡klk!, hay que prestarle atención.
La historia política dominicana está llena de ejemplos de figuras que, como Carolina, llevan en la sangre el legado de grandes líderes. Pensemos en los hijos de Juan Bosch, en los descendientes de José Francisco Peña Gómez, o en el mismo Leonel Fernández, quien forjó su propio camino pero siempre con la sombra de sus maestros. La política dominicana a menudo tiene un toque familiar, una especie de ‘tigueraje’ hereditario que no siempre es malo, siempre y cuando el sucesor demuestre su propia valía y no solo se monte en la fama de los suyos.
El escenario para 2028 se pinta interesante. Con el PRM buscando un sucesor para Abinader, la competencia interna será feroz, un verdadero coro de aspirantes. Nombres como David Collado, Raquel Peña, o Guido Gómez Mazara, entre otros, ya se barajan en las conversaciones de pasillo y en los análisis de los expertos. La ventaja de Carolina, ahora, es que tiene un padrino de lujo que no solo la impulsa, sino que también le da una proyección de victoria tan enfática que no pasa desapercibida.
Un “70-30” es una cifra grandísima en cualquier elección. Es hablar de una paliza electoral, de una victoria aplastante que dejaría poco margen para la competencia. ¿Es realista? Solo el tiempo lo dirá. Pero lo que sí es cierto es que estas declaraciones funcionan como un motor de arranque para la campaña de Carolina, inyectando ánimo en sus seguidores y marcando territorio frente a sus posibles adversarios internos. Es como el pistoletazo de salida para una carrera de fondo, donde cada paso cuenta y cada palabra de un líder de la talla de Hipólito Mejía tiene su peso en oro.
Así que ya lo saben, la política dominicana no descansa. Mientras algunos disfrutan de un buen sancocho o se echan una chercha, otros ya están moviendo sus fichas pensando en el futuro. El pronóstico de Hipólito Mejía para Carolina es un llamado de atención, un aviso de que el juego está más jevi que nunca, y que el ‘tigueraje’ político apenas está empezando a calentar motores. Habrá que estar atentos a cómo se desarrollan los acontecimientos, porque en nuestra querida Quisqueya, la política siempre nos da de qué hablar.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




