En el vibrante Santo Domingo de principios de los 80, una historia de sacrificios, sueños y un particular ‘fracaso’ comenzó a gestarse. Los líderes de la naciente banda La Gran Manzana, Henry Hierro y Víctor Roque, se lanzaron a la aventura de producir su primer disco, ‘Aleté’. Lo que muchos verían como un tropiezo, para ellos se convirtió en un alivio, una celebración que marcó el verdadero inicio de su identidad musical. La búsqueda de las canciones se inició a principios de 1982, con la esperanza de crear algo que resonara en el público. Sin embargo, este álbum, grabado con un gran esfuerzo en la capital dominicana, no logró pegar ninguna de sus canciones y, según el reporte, sus tonos eran muy parecidos a los de Wilfrido Vargas.
Para financiar este ambicioso proyecto, Víctor Roque no escatimó. Vendió su carro, vació sus ahorros y hasta se metió en eso del ‘san’ para completar la suma de 10 mil dólares. Incluso, para conseguir ese ‘cuartico’, buscó préstamos, con el empresario artístico dominicano radicado en Nueva York, Félix Cabrera, siendo uno de los que le extendió la mano. Para finales de 1982, con el dinero en mano pero cargado de preocupaciones sobre el incierto futuro del proyecto, Víctor y Henry se armaron de valor y se metieron de lleno en el estudio de grabación, aceptando el reto de sacar esa producción.
Henry Hierro, que venía de ser bajista en la orquesta de Wilfrido Vargas, donde incluso grabó el icónico tema ‘Palé, palé on’, tenía una profunda admiración por el trabajo de ‘El Beduino’. Le gustaba ese ‘tigueraje’ musical y los ‘inventos’ del trompetista y anhelaba plasmarlos en su nueva agrupación, que originalmente se llamaría Los Amigos, una banda musical nacida en Nueva York. Esta influencia, sin embargo, se volvió un arma de doble filo para su primer trabajo discográfico.
El álbum ‘Aleté’, lanzado en 1983 bajo el sello Frágil Records, pasó sin pena ni gloria. Nadie lo conoció, ni una sola de sus canciones se difundió. Con temas como ‘Cantar campesino’, ‘Simeona’, ‘La tranca’, ‘Dámelo todo’, ‘Traición’, ‘Tristeza Marina’, ‘If I Fell’ y ‘María Antonia’, interpretadas por Henry y su hermano Willie Hierro, la producción no caló. Lo curioso de esta ‘vaina’ es que, tanto los arreglos musicales como casi todas las canciones, eran autoría del propio Henry Hierro, quien, según la noticia, falleció el pasado año.
¿Y por qué esta alegría ante el ‘disparate’ musical? A decir verdad, el propio Henry, reconocido pianista y director musical, recordaba que para él fue ‘satisfactorio que ese disco no se pegara, porque era tan parecido a Wilfrido que no me sentía cómodo con lo que habíamos hecho’. Víctor Roque, que confió ciegamente en Henry como el cerebro musical, tampoco se sintió a gusto con el resultado, viendo el disco como una ‘sucursal de la orquesta de Wilfrido Vargas’ debido a que las canciones eran ‘totalmente igualitas a las de El Beduino’. Esa falta de identidad propia era una espinita que no les dejaba tranquilos.
A pesar de todo, el 23 de octubre de 1983, hicieron su debut en Josefina Palace en Nueva York, un lugar donde Henry ya llevaba varios años trabajando como cantante de piano. Pero esa noche, la gente brilló por su ausencia, pues no conocían la orquesta, lo que fue otro golpe. Sin embargo, esta primera etapa, que tanto Henry como Víctor recordaron como ‘bonita’, les dejó una lección vital. Estaban complacidos de que ese disco no se pegara, porque de lo contrario, el público habría pensado que estaban imitando a Wilfrido Vargas, una realidad que ambos reconocían. Este ‘percance’ les impulsó a buscar su propio camino. Al año siguiente, su verdadero ‘klk’ llegó con el merengue ‘Mentirosa’, cantado y con arreglos de Henry Hierro, que finalmente les dio la identidad que tanto anhelaban y los puso ‘de una vez’ en el mapa musical.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!



