La GSF en Haití: ¿Una Misión para Acabar con el ‘Relajo’ de las Pandillas?

La Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF), una iniciativa autorizada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en 2023, ha aterrizado en Haití como la decimoquinta misión internacional desde principios de los noventa. Este despliegue llega a un país que ha estado sumido en una crisis profunda durante décadas, donde no solo deben enfrentar al ‘tigueraje’ de las bandas armadas, sino también a una población que ya está más que desesperada y, lo que es peor, bien decepcionada de las intervenciones internacionales anteriores. El mandato que tienen es simple, pero a la vez un ‘relajo’ de complicado: neutralizar, disuadir y debilitar a las pandillas que tienen al pueblo haitiano en un pie.

Según la noticia, el portavoz de la Fuerza, Igor Rugwiza, en una entrevista con Diario Libre, admitió que el impacto de tantos años de crisis y conflicto en Haití también ha llegado con fuerza a la República Dominicana. Miles de haitianos, huyendo de la violencia y la miseria en su tierra, han buscado refugio en nuestro país. Rugwiza, quien, según el reporte, es de Burundi y un conocido oficial de información pública de la ONU, tiene la esperanza de que, a medida que la seguridad se restablezca, los haitianos que emigraron recobren la confianza y puedan regresar a sus hogares, contribuyendo así a reducir la migración, aunque reconoce que ser refugiado no es una elección fácil.

La GSF no es un grupito cualquiera; cuenta con una dotación de hasta 5,500 tropas y 50 funcionarios civiles que dan apoyo al representante especial. Se financia con contribuciones obligatorias de los Estados miembros de la ONU y un fondo fiduciario que, según el reporte, supera los 200 millones de dólares. Además, los países que mandan a sus soldados deben hacerlo con sus propios equipos. Sus operaciones se basan en inteligencia pura, se ejecutan de día y de noche, desplegando patrullas a pie, una unidad marítima y helicópteros armados para lo que venga.

El vocero de la Fuerza, Igor Rugwiza, explicó que esta misión se ha propuesto aprender de las experiencias pasadas, donde otras intervenciones no cumplieron sus objetivos. El enfoque ahora es un mandato bien específico en la seguridad, pero dándoles espacio para hacer un ‘un viaje de’ cosas dentro de esa ventana. Quieren garantizar una transición sólida y que la seguridad de Haití se mantenga estable después de que ellos se marchen. Por eso, sus operaciones son siempre conjuntas, trabajando en equipo con las autoridades locales.

Parte esencial de su estrategia es que, una vez recuperan un territorio de las garras de las pandillas, de una vez se ponen a trabajar con sus socios y con la Policía Nacional de Haití. El objetivo es mantener la seguridad y, a la vez, reconstruir la infraestructura necesaria para que la gente pueda volver a sus casas. Así, las pandillas no tienen chance de regresar. La Fuerza tiene claro que la seguridad es vital, pero también sabe que no es la única solución para la profunda crisis que tiene Haití.

Aunque la GSF todavía está en su ‘fase de generación’ y no ha alcanzado su capacidad máxima, está ejecutando operaciones de forma regular. Reconocen que la población haitiana ha sufrido un ‘coro’ de penurias por décadas, no solo por la inseguridad sino también por terremotos y crisis humanitarias. Han desplegado su primer contingente en Artibonite y también tienen fuerzas en Puerto Príncipe, donde, según la noticia, las pandillas ‘tienen miedo de atacarlos’. Sin embargo, admiten que necesitan más efectivos para controlar todas las áreas tomadas por el crimen.

Asegún el reporte, la preocupación por el deterioro de la seguridad es real, como se evidenció en el terrible acontecimiento en la comuna de Kenscoff, donde ocurrió una masacre de familias que buscaban refugio. Rugwiza aclaró que, aunque los medios a veces dan la impresión de que las pandillas controlan todo, esto no es así en toda la nación. Sin embargo, sí es cierto que tienen una presencia muy importante en zonas clave como Puerto Príncipe y el departamento del Oeste, y también en algunos departamentos del centro, aunque con menos influencia en el sur.

Uno de los grandes desafíos es que ciertas carreteras principales siguen bajo el control de las pandillas. La GSF se ha propuesto recuperar estos territorios y, de paso, asegurar infraestructuras críticas. El aeropuerto de Puerto Príncipe, por ejemplo, no puede recibir vuelos internacionales, y para abrirlo, necesitan asegurar el puerto marítimo y las carreteras nacionales. La idea es que la gente pueda desplazarse sin que las pandillas les bloqueen el paso con puestos de control ilegales o les estén cobrando dinero por ahí.

La colaboración con la República Dominicana es un punto clave en esta ‘vaina’. La GSF no solo busca el ataque directo a las pandillas, sino también cortarles el ‘bacalao’, o sea, bloquear sus fuentes de financiamiento. Esto incluye el contrabando ilegal tanto por mar como a través de nuestra frontera. La estrategia de despliegue contempla contingentes cerca de la frontera dominicana para asegurar y bloquear esas rutas de tráfico, intentando incautar armas, municiones y drogas destinadas a las pandillas, complementado con unidades marítimas en la bahía de Haití.

Sobre la coordinación con la República Dominicana, el vocero, por razones de seguridad, solo pudo decir que el Gobierno dominicano ha sido muy solidario con la GSF. Afirmó que tienen una buena relación con nuestras autoridades y que reciben apoyo no solo en operaciones militares o inteligencia –cuyos detalles no se pueden revelar– sino también en logística y evacuación médica, algo por lo que están “muy agradecidos”. El presidente, Luis Abinader, ha enfatizado la importancia de compartir información e inteligencia para esta colaboración.

Mucha gente ha perdido la esperanza en este tipo de misiones, y la GSF lo entiende, pues ‘asegún’ ha pasado en el pasado, la situación sigue siendo la misma. Sin embargo, no prometen que Haití quedará libre de pandillas de una vez. Su objetivo es debilitarlas lo suficiente para que la población pueda moverse libremente y la Policía Nacional de Haití (PNH) pueda retomar el monopolio de la seguridad. Hasta que los hospitales y las escuelas puedan ser reconstruidos, reconocen que queda un largo camino y prometen aprender de las misiones anteriores para adaptarse y ser ágiles.

En cuanto a las elecciones del 13 de diciembre, la GSF aclara que la decisión de cuándo y cómo se realizarán es soberana de las autoridades nacionales, y la seguridad recae en la Policía y en ellos mismos. La Fuerza, no obstante, se esforzará por desplegar la mayor cantidad de tropas y realizar operaciones para asegurar áreas y recuperar territorios. Así, esperan crear un nivel de seguridad que ayude a las autoridades nacionales y al Consejo Electoral de Transición a organizar unas elecciones justas y seguras.

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