¡Klk, mi gente! En este mundo digital que avanza a la velocidad de la luz, una ‘vaina’ se nos ha metido por los ojos: los rostros generados por Inteligencia Artificial, mejor conocidos como deepfakes. Estas imágenes son tan convincentes que, según la noticia, la psicóloga Clare Sutherland de la Universidad de Aberdeen, junto a un colega australiano, está en una investigación para ver si de verdad podemos entrenar nuestro cerebro para distinguirlos.
Antes, detectar una imagen hecha por computadora era ‘fácil’, casi un chiste: un dedo de más, un arete que no cuadraba, esas eran las señas. Pero el ‘tigueraje’ de la IA está en otro nivel, aprendiendo de sus propios errores y perfeccionándose de una manera que ya da miedito. Como explica la profesora Amy Dawel, directora del Laboratorio de Emociones y Rostros de la Universidad Nacional de Australia y quien también participa en este estudio, la IA se está volviendo demasiado buena, y los creadores de estafas ya evitan los fallos obvios.
La Dra. Sutherland y su equipo notaron que ellos mismos empezaban a distinguir entre rostros reales y los de IA con solo mirarlos. Eso les dio la idea: ‘Sería muy interesante ver si podemos enseñar esto también a otras personas’. La buena noticia, al menos por ahora, es que sí se puede. Aprender a detectar una falsificación de IA requiere un enfoque más sutil, pero ‘está de lo más bien’ que sea posible.
Para lograrlo, la investigación se centró en seis cualidades perceptivas clave. Por ejemplo, a los participantes se les pidió fijarse en la simetría, ya que la IA a menudo falla en recrear esas pequeñas peculiaridades que nos hacen humanos, como un párpado ligeramente caído o una sonrisa asimétrica. También se evaluó la proporcionalidad de los rasgos, ya que narices muy grandes u orejas prominentes no son típicas de las imágenes deepfake.
Otro punto ‘jevi’ es el atractivo. Sutherland explica que los rostros generados por IA tienden a parecer más atractivos, casi perfectos, lo que a veces los hace menos singulares. Tienden a acercarse a un promedio, resultando un poco genéricos y menos memorables. Además, los deepfakes suelen mostrar menos expresividad emocional, reflejando pocas emociones, lo que también es una señal a tener en cuenta.
La investigación también reveló que la IA es menos eficaz recreando rostros de personas no blancas, mayores o muy jóvenes, pues gran parte de su entrenamiento se basa en imágenes de personas blancas y jóvenes. Aunque algunos de estos consejos puedan parecer un poco vagos, la meta es familiarizarse con estas características y desarrollar una intuición. Al exponer a los participantes a imágenes reales y generadas por IA y revelarles la verdad, su capacidad para distinguirlas mejoró considerablemente, pasando del 40% al 80% de aciertos en solo una hora, ¡algunos hasta lograron casi el 100%! Y lo más importante, ganaron confianza al detectar los deepfakes.
La importancia de aprender a detectar estas falsificaciones es crucial, especialmente por el peligro del fraude. La consultora global Deloitte ha pronosticado pérdidas por US$54.000 millones solo en Estados Unidos el próximo año por estafas con deepfakes. El caso de Hong Kong, donde un empleado transfirió US$33.5 millones tras una videollamada deepfake con su jefe, nos recuerda lo delicado del asunto y el ‘cuartazo’ que se puede perder.
Además del fraude, el espionaje político es otra ‘vainita’ peligrosa. La noticia recuerda el caso de Katie Jones en 2019, un perfil de LinkedIn falso —que, según una investigación de Associated Press, se trataba de un deepfake ruso— que logró contactar a importantes asesores políticos y funcionarios de seguridad nacional de EE.UU. Por eso, en lugares como Australia, ya se propone la obligación de marcar con una marca de agua el contenido político generado por IA.
Para ser justos, la Dra. Sutherland también reconoce los usos positivos de esta tecnología, como la capacidad de mostrar de forma rápida y económica cómo podría verse un niño desaparecido hace mucho tiempo a diferentes edades. Afirma que si las personas la utilizan de buena fe y saben que se ha empleado IA, podría ser muy útil para la creatividad. La buena noticia es que aún no vivimos en un mundo distópico donde sea imposible distinguir entre lo real y lo generado por computadora. La mala es que los modelos de IA podrían haber ‘leído’ ya los artículos de investigación académica y, como decimos en el patio, ¡se están poniendo las pilas para mejorar!
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



