La República Dominicana está en un momento ‘jevi’, pero no de la buena. Una discusión en el Congreso sobre nuevas leyes que buscan fiscalizar el contenido en medios digitales y audiovisuales tiene a la sociedad en ascuas. No es que estemos modernizando nada, ¡qué va! Más bien, voces expertas advierten que es una vaina para amordazar la libertad de expresión y así blindar el ejercicio del poder. Es como si el tigueraje quisiera callar a quien se atreva a decir la verdad, dejando al escrutinio ciudadano en un segundo plano.
Esta preocupación no es de relajo, ni es que la gente esté inventando. La implementación de normativas punitivas contra la expresión es un manual que ha precedido la consolidación de regímenes autoritarios en la región. Lo que hoy se discute en el Congreso dominicano tiene un parecido peligroso con las leyes de control mediático aplicadas en Venezuela, Cuba y Nicaragua. En esos países, la criminalización de la opinión y la persecución a la prensa fueron los primeros pasos para desmantelar la democracia. Si este nuevo Código Penal se aprueba, RD estaría enviando la señal clara de que ha decidido transitar por esa misma ruta, lo que nos pondría en un coro bien ‘feo’ a nivel internacional.
Y ojo con esto, porque desde Washington, la administración Trump ha sido enfática en la defensa de lo que denomina el ‘complejo industrial de la libertad’. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha liderado una ofensiva internacional contra organismos estatales que, bajo la fachada de combatir la ‘desinformación’, actúan como censores. Para la Casa Blanca, cualquier estructura estatal que pretenda fiscalizar o sancionar el contenido digital es un ataque directo al derecho fundamental de expresión. Esto coloca a cualquier nación que adopte tales medidas bajo la estricta vigilancia de Washington, y eso no es un jueguito.
Precisamente por eso, las visitas de la embajadora Francis Leah Campos a medios alternativos como Somos Pueblo y Alofoke Media Group no son por casualidad, ¡ni mucho menos! Son un reconocimiento diplomático estratégico a los medios digitales independientes, vistos como los nuevos garantes de la democracia dominicana. En un entorno donde el poder político busca imponer controles, la postura de Estados Unidos es clara: prioriza la libre circulación de información sobre cualquier intento de hegemonía comunicacional del Estado. Es como decir, ‘no nos pongan esa vaina aquí’.
El meollo de esta ‘vaina’ está en el nuevo Código Penal, que tiene unas disposiciones que son un verdadero ‘disparate’ para la democracia. Los artículos 208-219 quieren reintroducir penas de prisión de dos a cinco años por difamación e injuria, un retroceso histórico que desafía precedentes del Tribunal Constitucional. Además, buscan blindar la corrupción con los artículos 192, 197 y 198, que sancionarían la captación y difusión de imágenes en espacios públicos. ¡O sea, desmantelarían la capacidad ciudadana y periodística para registrar actos de corrupción en flagrancia! Es un viaje de impunidad que quieren legalizar.
Adoptar un marco normativo así, que Washington considera incompatible con los valores democráticos, puede traer un costo geopolítico que nos dejaría ‘guayando la yuca’. La administración Trump tiene un historial de usar la suspensión de visados y alertas de seguridad jurídica como mecanismos de presión contra legisladores que promueven retrocesos democráticos. Asimismo, cualquier interferencia estatal en el ecosistema digital podría derivar en tensiones bajo los compromisos del tratado DR-CAFTA, lo que afectaría un viaje de sectores de nuestra economía y la confianza de los inversionistas.
Al final del día, el Gobierno dominicano tiene que sopesar bien esta decisión. ¿Vamos a optar por la transparencia y el libre debate, o nos vamos por el sendero de la censura, enfrentando las posibles represalias de un aliado que no tolerará la instauración de una dictadura autoritaria en el hemisferio? La elección es crucial y definirá la imagen de nuestro país frente al mundo. ¡De una vez, que piensen bien esa vaina!
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




