Parto: ¿Vaginal o Cesárea? ¡La ‘vaina’ no es tan sencilla, mi gente!

La pregunta de cuál es la mejor forma de dar a luz, si parto vaginal o cesárea, es una ‘vaina’ que tiene a mucha gente con la cabeza caliente y, según la noticia, no tiene una respuesta única. La ginecóloga Francisca Aquino, del Centro Médico Vista del Jardín, nos aclara que la seguridad de cada nacimiento depende de las condiciones únicas de la madre, el bebé y cómo se desarrolle el embarazo. Aquí en Quisqueya, la situación es un ‘coro’ aparte, con una alta proporción de cesáreas que nos hace reflexionar.

Según la doctora Aquino, el parto vaginal es el proceso fisiológico esperado y, cuando las condiciones lo permiten, es lo más indicado. Nos recalca que la recuperación para la madre es mucho más sencilla y que es importante que nos concienticemos en que es lo normal que el bebé pase por el canal del parto. Una paciente que da a luz de forma natural, al otro día ya está ‘de lo más bien’, lista para su ‘tigueraje’ diario, mientras que con una cesárea, la recuperación es un ‘lío’ que puede tardar de uno a cuarenta y cinco días.

Optar por el parto vaginal también evita un ‘paquete’ de riesgos asociados a una cirugía mayor. Hablamos de infecciones en la herida, lesiones a órganos cercanos, complicaciones con la anestesia o la formación de coágulos sanguíneos, que nadie quiere. Al no ser una intervención abdominal, la pérdida de sangre es menor y la estadía en el hospital puede ser más corta, lo que es un ‘plus’ para cualquiera que quiera volver a su casa ‘de una vez’.

Pero los beneficios no son solo para la madre; el bebé también sale ganando. Al atravesar el canal del parto, la caja torácica del chiquito se comprime, lo que ayuda a expulsar el líquido pulmonar antes de sus primeras respiraciones. Además, se estimulan sus sentidos y su sistema inmunológico al exponerse a hormonas y bacterias del canal, preparándolo mejor para la vida fuera del vientre. ¡Un ‘jevi’ proceso natural!

Sin embargo, la doctora Aquino nos advierte que la cesárea no es para ‘satanizarla’. Aunque es el ‘plan B’, ha salvado muchísimas vidas de madres y bebés. Ella insiste en que el cuadro clínico de la paciente es el que manda, y hay situaciones donde es absolutamente necesaria. Por ejemplo, una placenta previa total, un desprendimiento de placenta, sufrimiento fetal, o ciertas alteraciones de la pelvis materna son indicaciones claras que no tienen vuelta atrás.

El parto vaginal no está exento de sus propias ‘vueltas’. Pueden surgir desgarros, hemorragias, alteraciones en la frecuencia cardíaca del feto o la necesidad de una episiotomía, un corte en el área del periné. Aunque la doctora subraya que un parto normal no debería requerir ningún tipo de corte ni afectar la vagina, estas complicaciones pueden obligar a cambiar la vía de nacimiento a una cesárea de emergencia. Así es la ‘chercha’, uno nunca sabe.

Otras condiciones que pueden convertir la cesárea en un ‘deber’ incluyen la vasa previa, donde el cordón se antepone y un sangrado abundante puede provocar una ruptura uterina. La desproporción cefalopélvica (cuando la cabeza del bebé es demasiado grande para la pelvis) o incluso circulares del cordón umbilical, si afectan la oxigenación o frecuencia cardíaca del bebé, pueden llevar a esta decisión, siempre valorando la condición del chiquito.

La hipertensión materna es otro factor ‘serio’ que requiere especial atención, pues es la primera causa de muerte durante el ‘desembarazo’. Si una paciente con riesgo de preeclampsia o convulsiones no va a dar a luz rápidamente por vía fisiológica, los médicos pueden optar por una cesárea para evitar mayores complicaciones. Además, una cesárea previa no significa automáticamente que el siguiente nacimiento deba ser igual; cada caso se evalúa de manera individual.

La ‘data’ no miente, mi gente: en la República Dominicana, la proporción de cesáreas es un ‘rollo’. Según el Repositorio de Información y Estadísticas de Servicios de Salud (Riess), entre enero y agosto de 2026, más de la mitad de los nacimientos en la red pública (56.57%) fueron por cesárea. Y en las clínicas privadas, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) reporta que ¡el 89% de los nacimientos son cesáreas! Esto es un ‘viaje’ de diferencia con el promedio mundial de la OMS, que es del 21.1%, y el regional de América Latina y el Caribe, que es del 42.8%.

La doctora Aquino insiste en que la decisión final siempre debe estar centrada en las condiciones específicas de cada embarazo y en la capacidad del equipo médico para actuar a tiempo. Resalta la importancia de la educación y la preparación durante el embarazo con ejercicios para el parto, para que sea un proceso con confianza, tranquilidad y sin tanto dolor. También desmiente la idea de que los médicos programan cesáreas por ‘cuarto’, afirmando que un profesional de la medicina no haría eso solo por una cuestión económica, pues es la vida de la madre y el bebé la que está en juego.

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