La ‘vainita’ que está dando de qué hablar en el universo cripto es el giro ‘bacano’ que le está dando Bitfarms a su negocio. Esta minera, una de las más conocidas en la liga de EE. UU. y Canadá, ha soltado el bombazo: van a vender hasta el último Bitcoin que tienen y se van a enfocar ‘de una vez’ en la infraestructura para la **IA** y la computación de alto rendimiento (HPC). Y como si fuera poco, ¡hasta de nombre van a cambiar! Esto sí que es un cambio de rumbo en serio, mi gente.
A Ben Gagnon, el CEO de la empresa, no le tembló el pulso al anunciarlo en la llamada de resultados del cuarto trimestre, diciendo sin rodeos que ‘en algún momento no tendremos ningún bitcoin’. Imagínense, tenían 1,827 BTC en sus reservas, y los van a ir soltando poco a poco. Este movimiento estratégico busca financiar una transformación profunda, dejando atrás un modelo que, aunque les generó 229 millones de dólares en ingresos en 2025, también les dejó una pérdida neta de 284 millones ese mismo año. Con 520 millones de dólares en liquidez, entre efectivo y lo que les queda de Bitcoin, tienen un buen colchón para arrancar con este nuevo proyecto.
Este no es un simple capricho, no, no. La compañía está planificando un desarrollo ‘chulo’ de 2.2 gigavatios de infraestructura de datos, distribuidos estratégicamente en Pensilvania, Washington y Quebec. La idea es empezar a ver esos chelitos entrando a partir de 2027. Lo interesante aquí es que no pretenden competir directamente con los grandes de la nube, sino más bien proveer capacidad de cómputo y energía a clientes que necesitan ese poderío para sus operaciones de IA. Es como ofrecer el terreno y la energía para que otros construyan sus sueños digitales. ¡Una jugada ‘jevi’!
El cambio es tan radical que abarca hasta la identidad de la empresa. Los accionistas dieron el visto bueno para que Bitfarms se mude de Canadá a Estados Unidos y para que cambie su nombre a Keel Infrastructure. Además, van a cotizar bajo el ticker KEEL en Nasdaq y TSX. Esta redomiciliación y el ‘rebranding’ no son poca cosa; demuestran la seriedad con la que se están tomando esta nueva etapa. La transición estaba pautada para el 1 de abril, lo que nos hace pensar que ya están ‘montao’ en la guagua del futuro.
Este giro no es una ocurrencia de la noche a la mañana, como quien dice ‘se me prendió el bombillo’. Ya desde principios de año se venían dando pasos firmes en esta dirección. Recuerden que en enero, Bitfarms vendió su última instalación minera en Paraguay por hasta 30 millones de dólares. Ya en ese momento habían señalado que su enfoque energético sería 100% en Norteamérica. Esto nos enseña que el ‘tigueraje’ corporativo sabe cuándo es hora de diversificar y de buscar nuevos horizontes para asegurar la supervivencia y el crecimiento.
Bitfarms no está sola en esta travesía, aunque su decisión de liquidar *todo* su Bitcoin la pone en el top de los valientes. Hay otras mineras que también están mirando a la IA como una salvación ante los márgenes cada vez más apretados del sector cripto, especialmente después de cada ‘halving’. De hecho, CoinShares ha pronosticado que para 2026, más del 70% de los ingresos de los mineros podría venir de inversiones en infraestructura de IA. Este movimiento de Bitfarms es un claro indicio de hacia dónde se está dirigiendo el viento en el mundo de la tecnología.
Sin duda, esta ‘vainita’ marca un antes y un después para Bitfarms, o mejor dicho, para Keel Infrastructure. Es un ejemplo ‘claro’ de cómo las empresas se adaptan y evolucionan para no quedarse atrás en este mundo que cambia ‘un viaje’. Estaremos pendientes de cómo les va con este nuevo enfoque en la IA, que promete ser el próximo boom tecnológico.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




