La escena cultural dominicana se puso ‘jevi’ con la llegada de ‘Rojo’, la aclamada obra del dramaturgo gringo John Logan, una propuesta que no es solo teatro, sino un ‘coro’ profundo sobre la esencia del arte y los desafíos que enfrenta cuando el billete y las nuevas tendencias quieren llevárselo por delante. Según la noticia, Apoloniuss Producciones trajo esta ‘vaina’ al país por primera vez, abriendo un debate ‘bacano’ que va más allá de un pintor y se mete de lleno en el ‘tigueraje’ de la creación artística.
Imagínate, la trama nos transporta a Nueva York a finales de los años cincuenta. Allí, Mark Rothko, un ‘monstruo’ del expresionismo abstracto, recibe un encargo de esos que te cambian la vida, tanto por el dinero como por el prestigio. Para echar ese ‘piquete’, contrata a Ken, un pintor joven que lo admira y llega a su taller con ganas de aprender, como si fuera un estudiante ‘de una vez’ buscando la sabiduría del maestro.
Lo que empieza como una relación de mentor y pupilo, rápido se transforma en un ‘fuerzamateo’ intelectual y emocional. La obra, con las interpretaciones de Orestes Amador y Shalim Ortiz, explora a fondo las diferentes visiones del arte, el valor de la experiencia versus la frescura de lo nuevo, la responsabilidad del creador y, lo más duro, el miedo a que el tiempo te deje atrás y ya nadie se acuerde de tu vaina.
Orestes Amador, con su trayectoria, se mete en la piel de Mark Rothko y se la come. El personaje es un tipo con un temperamento fuerte, un pensador incisivo y un viaje de contradicciones. Amador logra transmitir esa exigencia de un artista que defiende sus ideas con toda la vehemencia del mundo, mientras lucha por entender los cambios que amenazan su universo estético. Es un ‘vacilón’ ver cómo sus gestos y silencios hablan por sí solos.
El Rothko que vemos no es solo un maestro enseñando, sino un creador que está en plena batalla por mantener su identidad en un momento donde las nuevas corrientes quieren redefinir todo el panorama artístico. Por otro lado, Shalim Ortiz interpreta a Ken, el joven pintor, que representa la inquietud de esa nueva generación que anda buscando nuevas herramientas y formas de ver y hacer su oficio. La química entre Amador y Ortiz es fundamental para que este ‘coro’ funcione tan bien.
Esta obra nos invita a reflexionar sobre ese ‘dúo’ de la vida: lo viejo y lo nuevo, la tradición y la innovación. Nos recuerda que el arte, al final del día, es un reflejo de nosotros mismos, con nuestros miedos a ser olvidados y la eterna búsqueda de trascendencia. ‘Rojo’ es, según la noticia, una joya que nos deja pensando en qué tan ‘chula’ puede ser la creación, pero también qué tan cruda puede ser su ‘reality’.
La pieza, bajo la dirección y producción general de Ramón Santana, de Apoloniuss Producciones, ofrece una experiencia teatral de primera, mostrando que el arte dominicano está ‘de lo más bien’ y con la capacidad de montar producciones que nos hacen sentir orgullosos y nos ponen a pensar un ‘poquitín’. Una verdadera oportunidad para ver a estos dos ‘tigueres’ en acción y ser parte de este importante debate cultural.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!




