¡Qué vaina, mi gente! Justo cuando la postemporada de las Grandes Ligas está en la puerta, se está armando un lío de verdad. La amenaza de un cierre patronal tiene a la MLB cogiendo fuego, con los jugadores listos para dar la batalla si los dueños no quitan su propuesta de tope salarial. Según la noticia, Carlos Rodón, el conocido lanzador de los Yankees de Nueva York, fue claro como el agua: ‘Nosotros no vamos a jugar’. Este posible paro, que arrancaría el 1 de diciembre con el vencimiento del convenio laboral, detendría de una vez los canjes y las firmas de agentes libres, y podría poner en jaque hasta el inicio de los entrenamientos de primavera y el Día Inaugural. Recordamos que la última vez que se tiró esa vaina de un tope salarial, se formó una huelga de siete meses y medio en 1994-95, que terminó cancelando la Serie Mundial; una situación que nadie quiere repetir.
Los dueños, asegún el reporte, defienden el tope para balancear la vaina, alegando que ningún equipo de bajos ingresos ha ganado el título desde los Reales de Kansas City en 2015. El portavoz de MLB, Glen Caplin, dice que el tope y piso salarial ‘nivelaría el terreno de juego’. Pero los peloteros se viraron de una vez. El jefe del sindicato, Bruce Meyer, lo dejó clarito: ‘A pesar de que MLB afirma que necesita un tope salarial porque supuestamente los equipos de mercados pequeños no tienen esperanza, vemos a Milwaukee con el mejor récord del béisbol por segundo año consecutivo y a Tampa con el mejor récord en la Liga Americana’, y eso que Milwaukee está en el puesto 30 de 30 en tamaño de mercado. ¡Ahí está el tigueraje!
La vaina se pone más heavy cuando hablamos de los bolsillos. Jugadores como Shohei Ohtani de los Dodgers de Los Ángeles o nuestro Juan Soto, el famoso jardinero que, según la noticia, firmó un récord de 765 millones por 15 años con los Mets, se estarían jugando un dineral por día de paro. Soto, por ejemplo, perdería 227,273 dólares diarios. La propuesta de MLB limitaría el gasto de los equipos, prohibiría megacontratos como el de Soto y dividiría los ingresos 50/50, algo que el sindicato rechaza de plano porque, aseguran, terminaría recortando de forma masiva el dinero para los jugadores. Pete Alonso de Baltimore enfatizó la importancia de la lucha: ‘Para mí, lo más importante es hacer lo correcto por las generaciones que vienen’. Es un coro de peloteros que está claro en lo que quiere para el futuro del deporte.
En el tigueraje sindical, hubo cambios importantes. Bruce Meyer reemplazó a Tony Clark en la dirección, y según el lanzador de Baltimore Chris Bassitt, se ha visto una transformación bacana en la comunicación interna. La vieja escuela de ‘novato, cállate y siéntate en la esquina’ ya no va, porque la liga está más joven que nunca y es vital que todos, desde los más experimentados hasta los recién llegados, estén informados y unidos. La mayoría de los 1,200 jugadores en los rosters de 40 hombres no tienen derechos de arbitraje ni de agencia libre, y sus voces son cruciales. Este enfoque de inclusión y educación desde el primer día es clave para la cohesión en esta batalla por los derechos laborales, que definirá el futuro económico del béisbol de Grandes Ligas.
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