En la República Dominicana, la situación con los subsidios eléctricos está cogiendo un ‘color’ que podría poner en aprietos las finanzas del país. Según la noticia, las transferencias destinadas a este sector ya alcanzaron un 69% de lo presupuestado para el año 2026, y el ‘tigueraje’ monetario del Gobierno lo califica como uno de los posibles riesgos macroeconómicos y fiscales más ‘heavy’ para los próximos meses. Es una ‘vaina’ que hay que mirar con lupa, ¿verdad?
Esta previsión no es ‘así por así’. Se basa, según el reporte, en la alta exposición de nuestra economía a los precios de la energía a nivel mundial. Además, las ‘condiciones climáticas adversas’, como la sequía, están ‘dando la mala’ al reducir la generación de nuestras hidroeléctricas, forzándonos a depender más de las fuentes térmicas, que son más caras. Todo esto, mezclado con la incertidumbre del entorno internacional, crea un ‘coro’ complicado.
Los números ‘hablan solos’. Entre enero y junio de 2026, el subsidio al sector eléctrico ya se comió unos RD$58,780.4 millones, de acuerdo con la última actualización del Ministerio de Hacienda y Economía. Este monto representa un crecimiento de un 28.3% si lo comparamos con los RD$42,003.1 millones que se destinaron el año pasado en el mismo periodo. ¡Un ‘subidón’ de cuarto que se nota!
Para el año en curso, el Gobierno tiene presupuestada una partida de RD$92,475.8 millones para cubrir el déficit del sector eléctrico, especialmente para las distribuidoras de electricidad, las famosas EDE. Que ya se haya gastado el 69% en la primera mitad del año es una clara señal de que el presupuesto se podría quedar ‘corto’, como decimos aquí, y tener que buscar más ‘cuartos’ de dónde sea.
Y la ‘chercha’ no termina ahí. El gasto total en subsidios, incluyendo no solo la electricidad sino también los combustibles, ascendió a RD$87,514.8 millones. Esto significa un incremento interanual de 49.3%, un ‘boche’ grande. El Ministerio de Hacienda y Economía explica que esto se debió en gran medida al aumento en los subsidios a los combustibles y a las transferencias eléctricas, buscando mitigar el impacto de los precios internacionales del petróleo, agravados por las tensiones geopolíticas en Oriente Medio. ¡Una ‘olla de grillos’ internacional que nos afecta directo al bolsillo!
Entonces, ¿qué ‘klk’ está pasando en el mercado internacional que nos tiene en esta ‘situación’? El ‘Informe de Coyuntura Macrofiscal Enero-Junio 2026’ reveló que los precios del crudo y el margen de refinación se mantuvieron en niveles históricamente altos. Imagínense, el 12 de mayo el barril casi llegó a los US$59.58, ¡frente a los US$19.84 que marcaba el 2 de enero! Eso es un salto ‘tremendo’.
Lo ‘curioso’ es que, según el informe, el problema no es solo la oferta de crudo, sino una capacidad de refinación global que está en el ‘aire’. Aunque el precio del crudo bajara, la gasolina y el diésel a nivel internacional no se ajustaban con la misma velocidad ni magnitud. Esto da a entender que hay una escasez en la capacidad de las refinerías, más que una simple cuestión de la cotización del insumo. ¡Un ‘problemon’ por otro lado!
Pero no todo es oscuro en este ‘panorama’. Para el resto de 2026, las perspectivas apuntan a una moderación gradual en los precios del petróleo. Esto, dicen, se debe a una mayor disponibilidad de oferta a nivel mundial. De hecho, la OPEP+ acordó aumentar su producción en 188 mil barriles por día a partir de agosto, lo que es una señal ‘chula’ para el mercado.
En línea con este escenario, la Administración de Información Energética de los Estados Unidos (EIA) proyecta que el precio promedio del WTI se mantenga alrededor de los US$76.18 por barril en 2026, y que siga bajando hasta los US$60.83 por barril en 2027. ¡Ojalá que esta ‘predicción’ sea certera y nos dé un respiro!
Cambiando de ‘canto’, hablemos de las materias primas alimentarias. Sus precios internacionales, para nuestra suerte, comenzaron a moderarse a partir de mayo, después de las presiones que vivimos en los primeros meses de 2026. En junio, el índice de alimentos disminuyó un 3.6% respecto al mes anterior, aunque aún estaba un 15.6% por encima del nivel observado en el mismo mes de 2025. ¡Un ‘poquito’ de alivio, pero todavía hay que estar ‘ojo avizor’!
La caída mensual en los precios de los alimentos se explicó principalmente por la reducción en los precios de los mariscos (12.5%), los cereales (7.5%), el azúcar (5.2%) y la carne (0.5%). Además, los aceites vegetales también registraron una disminución del 2.2%. Todo esto ayudó a aliviar, ‘un chincito’, las presiones sobre los precios internacionales de los alimentos. ¡Una ‘señal de buen agüero’ para la canasta familiar!
Sin embargo, los fertilizantes tuvieron su propio ‘guiso’. En marzo, el índice de fertilizantes registró un aumento mensual del 14.5%, el más grande desde noviembre de 2021. Este ‘salto’ fue impulsado por interrupciones en la oferta debido al conflicto en Oriente Medio, el aumento de los costos del gas natural y de otros insumos agrícolas, haciendo que la urea alcanzara un máximo de US$858 por tonelada métrica en abril. ¡Un ‘dolor de cabeza’ para nuestros agricultores!
Pero, como dice el refrán, ‘no hay mal que dure cien años’. El índice de fertilizantes empezó a descender en el segundo trimestre, con una caída más pronunciada en junio de 12.1%. Esto fue ‘favorecido’ por la normalización gradual de las cadenas de suministro y la reducción de las restricciones de oferta después de la reapertura del estrecho de Ormuz. ¡Bendito sea Dios que esa ‘vaina’ se fue arreglando!
En consonancia con esta mejora, el precio de la urea disminuyó un 52.5% al cierre de junio respecto al máximo alcanzado en abril. A pesar de esta ‘baja’, el índice de fertilizantes todavía estaba un 15.5% por encima del nivel observado en junio de 2025, lo que nos deja claro que los costos de los insumos agrícolas siguen elevados, aunque con menores presiones al cerrar el semestre. ¡Hay que seguir ‘metiendo mano’ a esa parte!
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