La solidaridad dominicana con la hermana nación de Venezuela, golpeada por un reciente terremoto, enfrenta un nuevo y tremendo desafío. A tres semanas del desastre que sacudió el país, la diáspora venezolana en República Dominicana ha demostrado un corazón gigante, reuniendo toneladas de alimentos, medicamentos e insumos vitales. Sin embargo, el ‘tigueraje’ ahora no es recolectar, sino encontrar la forma de costear el transporte para que esa ayuda, que es un ‘viaje de vainas’ buenas, llegue a las comunidades afectadas. El costo de transporte se ha convertido en una verdadera ‘piedra en el zapato’ para los voluntarios.
Según la información, el centro de acopio de Sambil Santo Domingo, uno de los tantos que operan en el país, ha sido testigo de la incansable labor de los voluntarios. Aunque las donaciones han bajado un chin en comparación con los primeros días de la emergencia, la cantidad reunida es impresionante. El primer cargamento pudo salir gracias a una donación ‘jevi’, pero los próximos envíos están en el aire, dependiendo de los fondos que se consigan para cubrir el flete marítimo. ¡Imagínate la presión!
Los coordinadores de esta noble causa explican que cada contenedor de ayuda tiene un costo aproximado de 4,500 dólares. Esta es una suma considerable que los obliga a hacer malabares y a tocar puertas de empresarios y colaboradores para financiar los próximos despachos. Es un esfuerzo titánico, una verdadera maratón de gestiones para asegurar que lo que se ha recolectado con tanto amor, no se quede aquí cogiendo polvo.
En el centro de acopio, el trabajo es una ‘chercha’ seria. Diariamente, se preparan decenas de cajas con alimentos no perecederos. Los medicamentos son clasificados con ‘ojo clínico’ por personal de salud, quienes verifican las fechas de vencimiento y los organizan para adultos y niños. Además, se reciben artículos de higiene e insumos para bebés, que se distribuyen en kits bien organizados y se apilan en palés, listos para su travesía por el mar.
Pero no solo el transporte es un dolor de cabeza. La incertidumbre también ha alcanzado a la diáspora venezolana en lo que respecta a su situación migratoria en la República Dominicana. Representantes de la comunidad han expresado su preocupación por las dificultades para renovar su documentación. Es que la Dirección de Extranjería de la Dirección General de Migración, según el reporte, cambió las reglas del juego y dejó de aceptar las declaraciones juradas de trabajadores independientes, exigiendo ahora un contrato de trabajo formal.
Esta medida, ‘de una vez’, ha puesto en aprietos a la gran mayoría de los venezolanos residentes aquí, ya que se estima que más del 75 % son trabajadores por cuenta propia. El resultado es un ‘coro’ de carnés de regularización vencidos, lo que trae un sinfín de complicaciones: problemas para actualizar los documentos de sus hijos, para enviar remesas a sus familiares que están del otro lado, e incluso para salir del país si la necesidad lo amerita. Es una situación que complica la vida de muchos.
A pesar de todas estas ‘vainas’ y dificultades, los voluntarios se mantienen firmes. Aseguran que seguirán recibiendo donaciones con el mismo ‘bacano’ y que no se darán por vencidos en la búsqueda de recursos. Su compromiso es que las toneladas de ayuda que han reunido lleguen a las familias venezolanas afectadas por el terremoto, demostrando que el espíritu de solidaridad dominico-venezolano está ‘de lo más bien’ y no se rinde ante los obstáculos. Es un ejemplo ‘chulo’ de resistencia y esperanza.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




