¡Qué fuerte! La situación en nuestros centros educativos está cogiendo un giro que no le gusta a nadie. El profesor Menegildo de la Rosa, quien representa la Corriente Magisterial Juan Pablo Duarte y también le mete el pecho a las comunicaciones y relaciones públicas de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), ha levantado la voz, y no es para menos. Él está en un aprieto, preocupadísimo por el aumento de agresiones contra los docentes en diferentes escuelas del país. Asegún él, y uno lo ve por ahí, esto es una clara muestra de cómo se está deteriorando el ambiente de convivencia y que a los Maestros Dominicanos les falta un respaldo de verdad, de los que hacen bulto.
De la Rosa, con la frente en alto, ha dicho que su norte es y siempre será defender al magisterio nacional. Y es que, de verdad, la cosa está fea, hermanos. Maestros y maestras están siendo agredidos por estudiantes y hasta por padres y madres, lo que provoca un ambiente de temor que no le hace bien a nadie en las aulas. ¿Se imaginan ustedes, dar clases con ese miedo encima? ¡Eso no está de lo más bien!
Los ejemplos que nos dio De la Rosa son para dejarte frío. Imagínense el caso del profesor Nahoni Anderson Solano, del Liceo Juan Pablo Duarte en Villa María, a quien un coro de estudiantes lo atacó y casi le cuesta la vida. También está la profesora Darlenys Cordero, de la Escuela Primaria Catarey en Sabana de la Mar, que le dieron con un arma blanca. Y para colmo, en San Cristóbal, una madre le metió una bofetá a la profesora Altagracia Abat Jorge frente a la escuela. En Las Matas de Farfán, la maestra Melba Florentino también fue agredida con arma blanca y su caso está en la justicia. ¡Ni se diga la maestra de Jimaní que casi la golpean con una piedra! La Policía Escolar tuvo que intervenir de una vez para que la cosa no pasara a mayores.
Ahora, ¿qué es lo que está pasando? Según De la Rosa, las famosas normas de convivencia escolar, esas que dicen “Ni palabras que hieren ni golpes que duelen”, han dejado a nuestros profesores como con las manos atadas. Él critica fuertemente la Ordenanza 5-2023, porque, asegún él, esta prioriza los derechos de los estudiantes pero no pone claro los deberes ni cómo proteger a los profesores. O sea, el profesor se queda sin herramientas para poner orden, y los estudiantes, quizás por ese “tigueraje” que hay en la calle, se sienten con más libertades sin consecuencias claras.
La verdad es que esto va más allá de las aulas. Como bien señala De la Rosa, la violencia intrafamiliar y social que estamos viviendo en la República Dominicana se está metiendo en las escuelas como Pedro por su casa. Es como si el relajo que vemos por ahí se esté colando en los salones de clases, y eso es un problema que nos toca a todos. Cuando los valores se pierden en la casa, se reflejan en la escuela y en la sociedad. Aquí se necesita un trabajo fuerte, no solo del Ministerio de Educación, sino de la familia, la comunidad y las iglesias.
El Ministerio de Educación, junto a otras autoridades competentes, tiene que sentarse y buscarle una solución a esto de una vez. No podemos seguir con los profesores en esta incertidumbre, sintiéndose desprotegidos. Es vital implementar acciones que garanticen la seguridad y un ambiente de paz. Esto incluye quizás revisar la Ordenanza 5-2023 para equilibrar derechos y deberes, fortalecer la Policía Escolar y ofrecer programas de apoyo psicológico tanto a estudiantes como a padres y maestros. Necesitamos un ambiente donde el respeto sea la base, no el miedo.
La defensa de la integridad física y emocional de nuestros docentes debe ser una prioridad nacional. Sin condiciones dignas y seguras para que ellos puedan enseñar, la calidad de la educación se va a pique, y con ella, el futuro de nuestro país. Un maestro que se siente seguro y valorado es un maestro que puede dar lo mejor de sí, formando ciudadanos que nuestro país tanto necesita. Es hora de que el Gobierno le meta el pecho a este problema, que es de todos, y que es más grande que un simple “coro” de aula.
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