En el fascinante, y a veces misterioso, mundo de las criptomonedas, la gran pregunta que se hacen muchísimos inversionistas, desde el “tigueraje” que le mete mano a dos o tres chelitos hasta los grandes tiburones de las finanzas, es siempre la misma: ¿qué diantre es lo que de verdad mueve el precio de nuestro querido Bitcoin? Hay un viaje de teorías y analistas por ahí que te echan un cuento diferente, pero un experto está levantando la bandera con una perspectiva que, para muchos, está de lo más bien y nos pone a pensar.
Nic Puckrin, el CEO y cofundador de la plataforma de análisis Coin Bureau, ha puesto el dedo en la llaga, asegurando que un factor clave, y a menudo pasado por alto, es la emisión de letras del Tesoro estadounidense (los famosos T-bills). Este experto, que no es un cualquiera, publicó un informe en febrero de 2026 donde plantea que la política de flexibilización cuantitativa del Tesoro (Treasury QE), que implica la compra de estos instrumentos de deuda a corto plazo por parte de la Reserva Federal (FED), tiene una correlación de más de 0.80 con la evolución de Bitcoin desde 2021. ¡Eso es una vaina seria!
Ahora, para los que no están muy alante con estos términos de las finanzas gringas, vamos a ponerlo en dominicano. La Reserva Federal, que es como el Banco Central de allá arriba, a veces decide inyectar una pila de liquidez en la economía. ¿Cómo lo hace? Pues, crea dinero digital y lo usa para comprar bonos y letras que emite el Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Es como si el gobierno, necesitado de chelitos, sacara unos “pagarés” y la FED los comprara de una vez. Este proceso eleva el precio de esos títulos, baja sus rendimientos, y por ende, las tasas de interés. ¿El resultado? Se busca estimular el crédito, la inversión y la actividad económica, haciendo que haya más dinero disponible en el sistema. Es como cuando a uno le pagan, y ese efectivo empieza a correr por ahí.
Asegún Puckrin, cuando la emisión de estas letras del Tesoro comienza a aumentar, el Bitcoin tiende a seguirle los pasos, aunque con unos meses de retraso. Y, de la misma forma, cuando esa emisión empieza a bajar, ¡zas!, meses después el precio de Bitcoin se va para abajo. Los datos recientes, a su juicio, le dan la razón. Por ejemplo, el impulso de emisión de letras llegó a su punto más alto a finales de 2024 y luego empezó a desvanecerse. Diez meses después, en octubre de 2025, el precio de Bitcoin arrancó una tendencia bajista que lo llevó de un pico histórico de 126,000 dólares a unos 60,000 dólares en febrero de este año. ¡Un “corre-corre” de verdad! Ahora mismo anda por los 66,000 dólares, buscando un nuevo camino.
Lo interesante de la teoría de Puckrin es que, para él, otros factores que muchos analistas consideran importantes, como el balance de la FED, la liquidez global o la masa monetaria M2 (que mide el dinero en circulación), son casi un relajo al lado de la emisión de letras del Tesoro. Él cree que se está gestando una ola de refinanciación anual de entre 3 y 4 billones de dólares hasta 2029 para la deuda de Estados Unidos, y que el camino más fácil y con más demanda para respaldar esto es precisamente una mayor emisión de letras a corto plazo. Si eso se cumple, la presión a la baja sobre Bitcoin podría revertirse en unos meses, poniendo el mercado de cripto de nuevo “bacano”.
Pero, como es normal en estos asuntos complejos, no todo el mundo está en el mismo coro. La firma de investigación Trademind, por ejemplo, ha advertido que hay que tener cuidado con confundir la correlación con la causalidad. “¡No te me confundas, mi gente!”, parecen decir. Ellos argumentan que la emisión de bonos del Tesoro suele aumentar cuando hay una alta preferencia por la liquidez y el apetito por el riesgo ya está cambiando. O sea, que la emisión de letras podría ser un síntoma, no la causa directa. Dicen que la cuestión central es el aumento de liquidez en la economía que puede entrar en los activos, y que las letras son solo un canal de transmisión, no la fuente.
Otro que metió su cuchara en el debate fue el estratega StatelessKeon, quien, aunque coincidió en parte con el análisis de Keyrock (citado por Puckrin), añadió que la emisión de T-Bill solo alimenta a Bitcoin si el Tesoro destina esos ingresos a la economía. Es decir, que si el Tesoro está emitiendo letras y acumulando el efectivo en su cuenta con la FED (la TGA, que anda por 924 mil millones de dólares), sin gastarlo, entonces el efecto en Bitcoin podría ser limitado. Sin embargo, Puckrin ha replicado que sus datos muestran que Bitcoin se adelanta al impulso de emisión, sin importar las fluctuaciones a corto plazo de la TGA.
Este intercambio de ideas refleja lo complejo que es entender la relación entre la liquidez, la macroeconomía global y un activo tan volátil como Bitcoin. Es un debate sano que nos ayuda a estar más alante y a ver el cuadro completo. Y es que en un año que, históricamente, se espera que sea bajista para Bitcoin después del último halving en 2024 (ese evento que reduce a la mitad la recompensa por minar y le da una escasez que está de chulo), cada pedacito de información es crucial para el que le gusta el “trading” en el mercado cripto.
Al final del día, lo que sí está claro es que el universo de las criptomonedas no es una cosa del otro mundo, sino que está súper conectado con lo que pasa en la economía real, especialmente con la de Estados Unidos. Así que, para el que le gusta estar en la pomada con Bitcoin, no hay que quitarle el ojo a lo que hace el Tío Sam con sus chelitos y sus letras del Tesoro. Podría ser la clave para saber hacia dónde va la “guagua” del precio.
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