De una vez les digo que lo de Duzón, Yaguate, fue una vaina bien chula. Cuando el Banco Popular y Hábitat para la Humanidad se unen, el resultado es siempre pa’lante. Esta vez, con una inversión social bacana, le metieron mano a cinco viviendas y refrescaron la cancha comunitaria, impactando a más de 800 personas. Esto no es solo poner pisos o pintar; es cambiar la vida a la gente, brindándoles un mejor presente y futuro con más esperanza. En San Cristóbal, se armó un coro de voluntarios que puso el hombro, demostrando que con ganas y compromiso se logran cosas grandes.
Este trabajo arduo, que juntó a casi 200 almas –entre colaboradores del Voluntariado Popular, Hábitat Dominicana y miembros de la comunidad– es un ejemplo de cómo la unión hace la fuerza. Imagínense a esa gente dándole duro, paleando cemento, arreglando paredes, todo para que cinco familias tengan un techo digno y los muchachos del barrio un lugar decente donde quemar energía. Duzón, que a veces se siente olvidada, ahora tiene un espacio deportivo que va a fomentar el sano esparcimiento y, de paso, mantener a los chamacos alejados del tigueraje de la calle. Es un paso gigante para fortalecer la cohesión social, tan necesaria en nuestros barrios.
La alianza entre el Banco Popular y Hábitat para la Humanidad no es nueva; viene desde el 2023. Desde entonces, esta dupla ha estado recuperando un viaje de viviendas. El programa “100 mil Pisos Para Jugar”, apoyado con US$200,000 por el Popular, es una iniciativa sin desperdicio. Cambiar un piso de tierra por uno de concreto parece poca cosa, pero evita un sinnúmero de enfermedades respiratorias y gastrointestinales, especialmente en niños. Es una jugada maestra para elevar la seguridad y salubridad en hogares dominicanos vulnerables, una necesidad latente donde las condiciones de habitabilidad son un desafío.
El compromiso social de instituciones como el Grupo Popular se valora y respeta en nuestro país. Va más allá de lo económico; es una muestra de que las empresas también pueden ser un motor de cambio positivo, invirtiendo en capital humano y el desarrollo de nuestras comunidades. En un país como el nuestro, donde el desarrollo a veces se siente desigual, estas iniciativas de Responsabilidad Social Corporativa son un empuje necesario para complementar los esfuerzos del sector público, demostrando que cuando el sector privado se pone las pilas, el beneficio es para todo el pueblo dominicano. Es una forma efectiva de construir un futuro más equitativo.
La vicepresidenta de Relaciones Corporativas del Grupo Popular, Mariel Bera, lo puso bien claro: un piso firme es salud y seguridad, y una cancha remozada es esperanza y pertenencia. Esto no es solo embellecer; es construir cimientos para un mejor mañana. Los voluntarios, esos tigueres y tigueras que dieron su tiempo y energía, son el verdadero corazón de esta jornada. Cada pala, carretilla y gota de sudor es solidaridad en acción. Imagínate el gozo de ver a tus hijos jugar en una cancha nueva, o la tranquilidad de saber que no están expuestos a bichos por un piso de tierra. Es una bendición que fortalece la familia y la comunidad.
Al final del día, lo que se vivió en Duzón fue un testimonio vivo del espíritu dominicano: solidario, trabajador y con un corazón grande. La colaboración entre la comunidad, el sector privado y organizaciones como Hábitat es la receta perfecta para generar esos impactos tangibles que transforman vidas. Desde los niños que estrenarán la cancha hasta las familias que ahora tienen un hogar más digno, este proyecto es un recordatorio de que, si nos unimos, podemos hacer la diferencia y lograr que nuestra gente viva de lo más bien. ¡Qué chulo cuando se trabaja por el bien de todos!
Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!




