En un momento de profundo dolor y reflexión, Monseñor Carlos Tomás Morel Diplán, arzobispo coadjutor de Santo Domingo, alzó su voz clara y tajante desde el altar durante una eucaristía dedicada a las víctimas de la tragedia del Jet Set. Su mensaje fue directo y sin rodeos: para que haya verdadera sanación, tiene que imperar la Justicia. No es solo un consuelo espiritual lo que se busca, sino también que los responsables de la negligencia que cobró vidas y dejó heridas profundas, paguen por sus actos. Esta vaina no se puede quedar en el aire, el pueblo dominicano clama por respuestas y que el proceso no se ‘dilate’.
La memoria de aquel fatídico suceso en el centro de diversión sigue viva, marcando a un sinnúmero de familias que aún esperan por esa paz que solo la verdad y la aplicación de la ley pueden brindar. Morel Diplán no solo ofreció esperanza a través de la fe, sino que puso el dedo en la llaga al pedir una investigación pormenorizada. Es fundamental que se asuman las responsabilidades, que no haya ‘tigueraje’ ni ‘palancazo’ que valga, y que se tomen decisiones contundentes para cerrar de una vez por todas este doloroso capítulo. Solo así se puede iniciar un camino genuino hacia la reparación del alma de mucha gente que aún lleva ese peso encima.
El arzobispo, citando la palabra ‘Por sus llagas fuimos sanados’, buscaba llevar aliento a los corazones rotos, asegurando que la paz en Jesús solo se encontrará una vez que esa ansiada Justicia se materialice. Esta visión integral, que une la fe con la acción social, es un pilar fundamental de la Iglesia dominicana, que no solo ora, sino que también interpela a las estructuras de poder. La comunidad católica, en estos casos, se convierte en un faro de esperanza y un motor para el cambio, demostrando que la espiritualidad no está desconectada de la realidad social y sus demandas más urgentes.
La crítica al sistema judicial fue otro punto clave de su homilía. Monseñor Diplán fue enfático al señalar que les haría un ‘viaje’ de bien a la sociedad y al propio sistema que los jueces actúen ‘apegados a la ley’. Instó a no dilatar un proceso que, según él, desespera y desanima. Cada día que pasa sin que se haga Justicia, es un día más que genera incertidumbre y desconfianza en nuestras instituciones. Es una vaina que impacta la credibilidad del estado de derecho y deja a la gente con un sabor amargo, sintiendo que sus lamentos caen en saco roto.
La tragedia del Jet Set no fue un evento aislado; sus secuelas han dejado cicatrices imborrables en las familias y en el tejido social dominicano. La magnitud del desastre, la cantidad de fallecidos, provocó una indignación generalizada en el pueblo, que aún se pregunta cómo pudo pasar algo así y por qué la respuesta judicial se siente tan lenta. La propuesta del actor y activista Eduardo Verastegui de construir una capilla en el lugar del suceso, en nombre de Nuestra Señora de los Dolores, es una iniciativa ‘bacana’ que busca transformar el dolor en un espacio de memoria y oración permanente, una forma de honrar a los que ya no están.
La presencia de figuras como la embajadora de Estados Unidos en el país, Leah Francis Campos, y el doctor Antonio Cruz Jiminián, no solo muestra solidaridad, sino que también resalta la relevancia y la trascendencia de este caso. No es poca cosa que personalidades de ese calibre se sumen al ‘coro’ de apoyo, evidenciando que el dolor y la búsqueda de Justicia no tienen fronteras y que la tragedia impactó a la sociedad en general. La unión de estas voces, tanto religiosas como civiles e internacionales, subraya la importancia de este llamado a la responsabilidad.
Finalmente, la eucaristía fue un recordatorio de que, incluso en medio del sufrimiento más profundo, la fe puede ofrecer consuelo y sanación. Pero ese consuelo no exime la necesidad de una Justicia palpable y oportuna. El Movimiento Jet Set, conformado por familiares y allegados, ha mantenido viva la llama de la memoria y la exigencia, recordando que, aunque el tiempo pase, la huella de los ausentes no se borrará. Es un ‘jevi’ ver cómo, pese a la tristeza, mantienen la fuerza para seguir luchando, esperando que, ‘asegún’ las promesas, la ley prevalezca y dé paz a sus almas.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




