En Invivienda, Santo Domingo Este, la paciencia de los residentes de la calle Orlando Martínez está llegando a su límite. Las manzanas 4693, frente a los edificios 6, 7, 8, 9 y 10, se han convertido en un verdadero dolor de cabeza por el estado calamitoso de sus vías. Las ‘calles dañadas’ no solo dificultan el tránsito de cualquier guagua o motor que intente pasar, sino que también ponen en riesgo la seguridad de los peatones, que tienen que andar haciendo malabares para no caer en los hoyos. Esto es una vaina que, asegún los vecinos, ya está bueno de aguantar.
El deterioro de estas arterias viales no es un invento del diablo, sino el resultado de años de falta de mantenimiento y el paso del tiempo sin que nadie le meta mano. Invivienda, un proyecto habitacional emblemático de los años ochenta, diseñado para brindar vivienda digna a la clase media, hoy sufre las consecuencias de un crecimiento desordenado y una planificación urbana que parece haberse quedado en el pasado. Las calles, originalmente pensadas para soportar un volumen de tránsito menor, se han visto superadas por el aumento de vehículos y la ausencia de inversiones municipales para su adecuada reparación, dejando tramos que parecen más un campo minado que una vía transitable.
Como si las calles en mal estado no fueran suficiente para desesperar a cualquiera, a esta situación se le suma un coro de vertederos improvisados de basura en las aceras. La gente está harta de vivir entre fundas de desperdicios, mal olor y un sinnúmero de bichos que campan a sus anchas por todo el lugar. Esta situación crea focos de contaminación que no solo afectan la estética del sector, sino que representan un grave riesgo para la salud pública. La falta de regularidad en el servicio de recogida de desechos sólidos es un tema recurrente en muchos barrios del Gran Santo Domingo, donde el ayuntamiento a veces hace la vista gorda o simplemente no da abasto.
Frente a este panorama desolador, los residentes no se quedan con los brazos cruzados. Se han levantado con el fin de exigir a las autoridades municipales una intervención ¡de una vez! en el bacheo de las vías y la normalización del servicio de recogida de desechos. El tigueraje de la comunidad no pide lujos, solo que se cumpla con lo básico para tener una calidad de vida decente. La demanda es clara: no es posible que un sector tan céntrico y populoso como Invivienda esté pasando por esta vagabundería de abandono y desidia. Es hora de que el ayuntamiento se ponga las pilas y le dé la cara a esta situación antes de que el problema se ponga más feo de lo que ya está.
La ineficiencia en la gestión de residuos y el mantenimiento de la infraestructura vial son reflejos de desafíos mayores en la administración local dominicana. Este caso de Invivienda no es aislado; se replica en distintas comunidades del país, donde la voz del pueblo clama por una gestión más transparente y efectiva de los recursos públicos. La situación actual exige no solo parches temporales, sino una visión a largo plazo para asegurar que las infraestructuras se mantengan en óptimo estado y los servicios básicos operen con la eficiencia que la ciudadanía merece, porque, klk, vivir así no es vida.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




