¡Klk, mi gente! Aquí en la República, siempre estamos dándole seguimiento a lo que pasa en el patio y más allá. Y la verdad es que la situación energética de nuestros vecinos, como Venezuela, siempre ha sido un tema. Ahora, un dominicano se preguntaría, ¿por qué no le meten ‘mano’ a una vaina que está funcionando súper bien en Paraguay? Eso mismo planteó el Sultán Bitcoin, Alessadro Cecere, un venezolano que anda por el mundo echando la luz sobre cómo el Bitcoin puede ser la solución a un viaje de problemas energéticos, y él cree que el modelo de minería de Paraguay es la clave.
Asegún el Sultán, Paraguay no anda en chercha con la minería de Bitcoin. Ellos han convertido sus excedentes de energía hidroeléctrica, de la famosa represa de Itaipú, en una maquinaria de generar ingresos, atraer inversión privada y, lo que es mejor, desarrollar infraestructura tecnológica de primera. Estamos hablando de un proyecto que maneja 400 megavatios, una cifra que te deja con la boca abierta, y con una capacidad de procesamiento brutal de 18.87 exahashes por segundo. La proyección es que para el 2026 lleguen a los 35 EH/s. Esto no es solo bacano por los números; es una demostración de que la energía ‘varada’ se puede transformar en activos globales sin un solo centavo de deuda estatal ni subsidios, una vaina jevi, ¿verdad?
El punto es que Venezuela tiene un potencial que da dolor de cabeza de solo pensarlo: una capacidad hidroeléctrica instalada de 17.75 gigavatios. Un viaje de energía que, por circunstancias diversas, no se está aprovechando al máximo. Cecere ve la minería de Bitcoin como una “carga flexible” que podría absorber esos excedentes, estabilizar el sistema y, de una vez, empezar a generar divisas. Imagínense, eso es como tener un río de oro y no saber cómo sacarle el brillo. Es una oportunidad de oro para el país, que históricamente ha dependido del petróleo y ahora busca diversificar su economía.
Pero, claro, no todo es color de rosa. Aquí es donde el ‘tigueraje’ de la burocracia entra en juego. El Sultán insiste en que el marco legal venezolano, que data de 2010 y reserva al Estado todas las actividades eléctricas, es un disparate que frena la inversión privada. En Paraguay, la cosa es diferente: empresas como HIVE o Penguin pueden construir sus propias subestaciones y firmar acuerdos directos con la empresa eléctrica nacional (ANDE) sin la necesidad de que el Estado ponga un solo peso. Esa flexibilidad es la que permite que el modelo sea tan eficiente y atractivo para los inversionistas. En Venezuela, se necesita un cambio de chip urgentemente.
El experto también sugirió que licencias como las OFAC GL48A y GL49A, podrían abrir el camino para que capital internacional privado, que quizás estaba medio frenado, se anime a invertir en el sector energético venezolano. Eso no solo ayudaría a modernizar la infraestructura, sino que también posicionaría al país en la vanguardia de la tecnología, vinculando la minería de Bitcoin con el desarrollo de inteligencia artificial y computación de alto rendimiento, como ya se está viendo en Paraguay. Es una jugada estratégica que podría revitalizar la economía y la capacidad tecnológica.
En resumen, lo que nos trae el Sultán Bitcoin es un ejemplo clarito y probado de que se puede salir del hoyo. No hay que inventar la rueda; solo hay que ver lo que están haciendo los vecinos. Inversión privada, acuerdos directos y aprovechar la energía que se está perdiendo. Es un ‘ganar-ganar’ para todos. Si Paraguay lo logró con su modelo de minería de Bitcoin, ¿por qué aquí en nuestro continente no podemos replicar esa vaina? ¡Es hora de ponerse las pilas y dejar el relajo!Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



