La Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene a la comunidad internacional ‘con el Jesús en la boca’ por el brote de Ébola en la República Democrática del Congo (RDC), esperando tener vacunas para la nueva variante en apenas dos meses. Esta es una situación seria, una ‘vaina’ complicada, que ya ha cobrado la vida de al menos 130 personas, y los esfuerzos se redoblan para frenar esta enfermedad viral que trae a cualquiera ‘pie con bola’.
Lo ‘jevi’ de este nuevo brote es que no se trata de la variante Zaire, contra la que ya existía una vacuna precalificada por la OMS, sino de la temida Bundibugyo. Esta mutación ha sorprendido a los expertos, obligando a una carrera contra el tiempo para desarrollar nuevas inoculaciones. La Dra. Anne Ancia, representante de la OMS en la RDC, informó sobre la reunión con expertos para analizar dos moléculas en estudio, con la esperanza de acelerar el proceso y dar con el clavo ‘de una vez’ para producir las vacunas que tanto se necesitan.
Al principio, el ‘tigueraje’ de esta variante Bundibugyo complicó el diagnóstico, porque los laboratorios locales solo estaban listos para detectar la Zaire. Esto llevó a que algunos casos fueran confundidos con malaria, perdiendo un tiempo valioso en la contención del virus. Afortunadamente, según Ancia, la letalidad de este brote parece ser menor que en episodios anteriores registrados en Uganda, donde la cifra de fallecidos llegaba a un alarmante 40-50%, pero aún así, no es para ‘cogerlo a chercha’, la vigilancia es vital.
Un factor crítico y bien ‘chulo’ de esta situación, y que complica el control, es la manera en que se manejan los entierros. En la cultura local, ciertas prácticas funerarias son un foco importante de contagio, como se vio en un caso donde un fallecido fue cambiado de ataúd por considerarse el primero ‘no adecuado’. La Federación Internacional de la Cruz Roja (FICR) está trabajando ‘con to’ los hierros’ para enviar equipos que hagan los entierros más seguros y dignos, sin faltarle el respeto a las tradiciones de la comunidad.
La situación se torna aún más ‘apreta’a’ por la inestabilidad de la región. La presencia de grupos armados dificulta la respuesta humanitaria y pone en riesgo a los equipos de salud. Hay más de dos millones de desplazados internos, una población ‘súper vulnerable’ al contagio. Además, la vaina se complica con los recortes en la ayuda humanitaria global: las Naciones Unidas solo han recibido un tercio de los 1,400 millones de dólares solicitados para emergencias sanitarias en la RDC, ¡una ‘traba’ seria que pone en peligro a un viaje de gente!
Aunque el brote esté lejos, en la RDC, este tipo de emergencias nos recuerdan que estamos todos conectados. Un virus así puede propagarse ‘más rápido que un motorista sin casco’, y la comunidad internacional, incluyendo a nuestro país, debe estar siempre en ‘vigilia’. La declaración de emergencia internacional por parte de la OMS es un llamado de atención global para no ‘dormirse en los laureles’ y asegurar que se destinen los recursos necesarios para controlar la situación y proteger la salud pública mundial. Es un recordatorio de que la prevención y la colaboración son ‘la clave del éxito’.
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