¡Qué ‘vaina’! Las Lluvias intensas, producto de una vaguada que no suelta el país, han puesto a correr a medio mundo, activando a los organismos de socorro desde temprano. El Centro de Operaciones de Emergencias (COE) ha estado de lo más activo, monitoreando la situación y respondiendo a las emergencias que surgen en varias provincias. Desde el sábado, comunidades enteras han quedado incomunicadas y se han tenido que hacer rescates acuáticos, demostrando que la naturaleza a veces nos da su coscorrón sin avisar.
En Monte Plata, por ejemplo, se vivió un verdadero susto cuando cuatro jóvenes quedaron atrapados por el desborde de los ríos Comatillo y Los Guayabos. Gracias a Dios y al ‘tigueraje’ de la Defensa Civil, que se lanzó al agua sin pensarlo dos veces, lograron ponerlos a salvo sin que la cosa pasara a mayores. Esta región, conocida por sus llanuras y la presencia de importantes cuencas fluviales, es particularmente susceptible a inundaciones repentinas, especialmente durante la temporada ciclónica o la influencia de vaguadas persistentes.
Más al norte, en la provincia Duarte, la situación también se puso ‘jevi’ con el desbordamiento de los ríos Payaso y Caño Azul, dejando la comunidad de Los Contreras totalmente incomunicada. El Bajo Yuna, una de las zonas más vulnerables de Duarte, históricamente ha sido un punto crítico ante las crecidas, afectando la agricultura y la vida diaria de sus habitantes. Cada vaguada nos recuerda la importancia de la planificación territorial y las infraestructuras de drenaje para mitigar el impacto en estas áreas.
Estos aguaceros, que parecían no tener fin, son el resultado de la interacción entre la vaguada y el viento predominante del este, una combinación que los meteorólogos tenían bajo el ojo. Esta mezcla atmosférica es un cóctel explosivo que genera aguaceros moderados a fuertes, tormentas eléctricas y ráfagas de viento que pueden causar daños importantes. Es crucial entender que estas condiciones no son algo aislado, sino parte de un patrón meteorológico que se repite y exige nuestra atención y preparación.
Ante este panorama, el COE ha tenido que meterle mano a las alertas. Dos provincias, Monte Plata y Sánchez Ramírez, están en alerta amarilla, lo que significa que el riesgo de inundaciones urbanas y rurales, crecidas de ríos, arroyos y cañadas, así como deslizamientos de tierra, es considerable. Mientras tanto, San Pedro de Macorís, San Cristóbal (especialmente Villa Altagracia), Santo Domingo, el Distrito Nacional, Monseñor Nouel, La Vega, Santiago y Duarte (con énfasis en el Bajo Yuna), se mantienen en alerta verde. Esto es un aviso claro para que la gente no ande en ‘chercha’ por los balnearios o intentando cruzar cuerpos de agua crecidos; es un asunto de vida o muerte, mi gente.
Las autoridades no se cansan de repetir la misma ‘vaina’ y con razón: eviten cruzar ríos y arroyos con altos volúmenes de agua y aléjense de los balnearios en las zonas bajo alerta. La prudencia es clave para evitar desgracias en momentos como este. Es un recordatorio de que debemos estar siempre atentos a los boletines meteorológicos y las indicaciones de los organismos de protección civil, porque la prevención es la mejor herramienta que tenemos ante estos eventos de la naturaleza.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




