¡Klk mi gente! Aquí en El Nuevo Diario TV, la vaina está cogiendo fuego con el tema del seguimiento a los menores en centros de protección. La psicóloga clínica Laurie Peña ha puesto el dedo en la llaga, enfatizando la necesidad de fortalecer los protocolos de evaluación y seguimiento de la salud mental en estos hogares. Esto viene a raíz de la lamentable muerte de una adolescente de 14 años en un hogar de paso del Conani, allá en San Antonio de Guerra, un caso que nos ha dejado a to’ el mundo con la boca abierta.
La muchacha, de origen haitiano, falleció tras una supuesta agresión dentro del mismo centro, un relajo que tiene a varias adolescentes bajo investigación. Este suceso, de una vez, ha encendido las alarmas y ha provocado un viaje de cuestionamientos sobre cómo se está manejando la supervisión y la seguridad en estos espacios que se supone son de protección. ¿Será que el tigueraje interno está descontrolao’ o es que hay falta de recursos y personal capacitado?
Peña, con su experiencia, ha sido clara como el agua: si alguna de las involucradas en este incidente ya venía con alguna condición de salud mental, es crucial determinar qué tipo de seguimiento terapéutico se le estaba dando y cuáles mecanismos de monitoreo aplicaron las autoridades responsables. Su pregunta es contundente: ‘¿Cuáles son los récords? ¿Dónde iba para poder seguirse dentro de todo el proceso terapéutico y psiquiátrico?’ Una pregunta que todo el mundo se hace y que nadie ha sabido responder.
La profesional no se fue por las ramas y sostuvo que las instituciones tienen que garantizar evaluaciones periódicas, una supervisión constante y, sobre todo, personal que esté bien capacitado para intervenir a tiempo cuando surjan situaciones de riesgo. Porque, señores, la cosa no es solo acoger, sino también cuidar y velar por el bienestar de esos chamacos que están bajo su tutela. Esto es una vaina seria que necesita atención urgente.
En otro orden, la misma Peña se metió en el mambo de la violencia de género, explicando algo que es de lo más cierto: muchas personas con conductas agresivas o manipuladoras ni se enteran o no quieren aceptar que necesitan ayuda profesional. Esto hace que buscar tratamiento psicológico sea una loma arriba para ellos. Es como si el ego les impidiera ver que están en un lío.
Ella destacó que estas relaciones abusivas a menudo empiezan con un coro de controles que las víctimas, sin darse cuenta, van normalizando. Hablamos de aislamiento de la familia y los panas, vigilancia constante, prohibiciones de todo tipo y un ataque directo a la autoestima. Son vainas que van minando a la persona poco a poco hasta que se encuentran en un hoyo que parece no tener salida.
Ante este panorama, Peña exhorta a la gente a que se pongan las pilas, identifiquen las señales de alerta y, de una vez, busquen apoyo especializado si están pasando por situaciones de violencia o están afectaos’ emocionalmente. Y ojo, que ‘acompañarte no es aconsejarte, son dos cosas diferentes’, como bien dijo. Un punto bacano para tener en cuenta.
Finalmente, la psicóloga hizo un llamado al Gobierno para que incremente la inversión en salud mental y desarrolle programas de seguimiento permanente para toda la población. A su juicio, la atención psicológica no puede ser solo apagar fuegos, sino que tiene que enfocarse más en la prevención y el acompañamiento continuo. Porque un pueblo mentalmente sano, es un pueblo que echa pa’lante de verdad. ¡Así es la vaina!
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