¡Ay mi madre, la situación en nuestras cárceles dominicanas está más complicada de lo que uno se imagina! Recientemente, las autoridades penitenciarias de la República Dominicana y Puerto Rico soltaron el dato: la salud mental de los presos está hecha un desastre, triplicando los problemas psíquicos que se ven en la calle. Esto no es cualquier vaina; mientras en Estados Unidos y Puerto Rico la cosa anda por un 60-70% de reclusos con afecciones mentales, aquí en el patio alcanzamos un alarmante 80% de la población carcelaria. Una realidad que nos debería poner a pensar de una vez.
Los subsecretarios Alex Joel Torres Guzmán de Puerto Rico y Roberto Santana de nuestro país, después de un buen conversatorio con los periodistas, revelaron los males que más aquejan a nuestros internos: depresión, ansiedad crónica y un uso problemático de sustancias que está acabando con la gente. Según Torres Guzmán, la falta de luz natural y la pérdida de libertad de por vida ‘chotean’ el ánimo de cualquiera, llevando el porcentaje de afecciones psíquicas a niveles ‘jevis’ dentro de las prisiones, frente a un 15-25% en la comunidad libre. Es un cuadro que grita por soluciones y no por paños tibios.
Roberto Santana, el ‘brazo fuerte’ de la reforma penitenciaria aquí, puso el dedo en la llaga al explicar el porqué de ese 80% tan elevado en Quisqueya. La principal causa es el bendito ‘cuello de botella’ judicial. Imagínense, de 25,000 presos que tenemos, ¡un viaje de 16,000 son preventivos! Gente que les dictan tres meses de preventiva y terminan fajados dos años sin que los juzguen. Esa desesperación, esa rebeldía que crece día a día, alimenta los trastornos mentales. Es un sistema que, sin querer queriendo, enferma a los que ya están sufriendo un castigo.
Pero no todo es sombra, mi gente. En el encuentro, se habló de una hermandad bacana entre Puerto Rico y nosotros, basada en lo que dicen nuestras Constituciones sobre la rehabilitación y reinserción. Torres Guzmán, el boricua, soltó una frase que me llegó al alma: ‘Salvar a un solo interno no es rescatar un número; es salvar a una familia, sanar a una comunidad’. ¡Así mismo es! Para él, identificar los problemas desde el ‘day one’ del ingreso es la clave, algo que en Puerto Rico hacen con una evaluación clínica rigurosa, para poder diseñar una terapia que de verdad funcione y evite que la gente recaiga en la delincuencia. Un modelo ‘chulo’ que bien podríamos adoptar.
Los vecinos puertorriqueños nos mostraron cómo han despresurizado sus recintos, pasando de tener 14,000 personas en su población correccional a solo 7,300 en celdas físicas, el resto en programas comunitarios. Tienen iniciativas ‘súper jevis’ como el Centro de Artes y Estudios Universitarios, donde los presos hasta hacen maestrías; el Teatro Correccional, que usa a los internos para dar mensajes de prevención en escuelas; y Paternidad a Distancia, que enseña a los reclusos a ser padres ‘a pesar de las rejas’. Sin dejar de lado los programas REDES y Brigadas Municipales, donde los internos trabajan y hasta se ganan su chelito para la familia, reduciendo el ‘tigueraje’ y dando una segunda oportunidad. Eso es lo que necesitamos aquí para que la gente no se siga volviendo ‘loca’ encerrada.
El doctor Julio Santana, rector de la Universidad Albizu, reafirmó la urgencia de una reforma estructural para las penas de menor gravedad. Aseguró que con la gente ‘hacinada durmiendo en el suelo’, no hay programa de derechos humanos ni de educación que valga. ¡Y tiene toda la razón! No se le puede hablar a nadie de reinserción si lo tenemos en condiciones infrahumanas. Por suerte, se está cocinando un plan piloto ‘bacano’ entre RD y Puerto Rico, con plataformas digitales para que nuestro personal se adiestre y misiones de especialistas de un lado a otro. La reforma dominicana está dando pasos firmes para implementar esa evaluación diagnóstica obligatoria desde el inicio, y esperamos que esto traiga un cambio verdadero. Este es el momento de meter mano, mi gente, para que la salud mental en las cárceles deje de ser un tema tabú y se convierta en una prioridad nacional. ¡Es hora de un cambio de verdad!
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




