¡Klk, mi gente! Esa frase del fundador de Oracle, Larry Ellison, que dice ‘Los ciudadanos se portarán bien porque estamos grabando y documentando constantemente todo lo que ocurre’, suena como sacada de un mal sueño o de una película de ciencia ficción, ¿verdad? Pues les digo de una vez que esa vaina está más cerca de lo que uno cree, y no es para nada algo ‘chulo’. La Vigilancia Digital masiva no es un cuento chino de esos lejanos, sino una realidad que se cocina en las altas esferas tecnológicas y que ya nos empieza a tocar de cerca. El aumento de cámaras en nuestras calles, aunque por seguridad, ya nos hace sentir que estamos en el ojo del huracán, documentando más de nuestro día a día y quitándonos esa privacidad que antes uno daba por sentada. Es un coro que va más allá de lo que imaginamos.
Tradicionalmente, la seguridad y el control eran asuntos de papá gobierno. Pero ahora, el ‘tigueraje’ de Silicon Valley, esas empresas tecnológicas grandotas, se están metiendo de lleno en ese ‘negocio’, y no solo para hacer aplicaciones ‘bacanas’. En Estados Unidos, por ejemplo, el Estado cede tareas críticas a corporaciones privadas, un viaje que antes era impensable. Nombran a ejecutivos de OpenAI o Palantir como tenientes coroneles, borrando la línea entre lo militar y lo corporativo. ¿Quién vela por los intereses de la gente cuando la seguridad nacional depende de empresas con sus propios intereses comerciales? En países como el nuestro, asegurar que los acuerdos con estas empresas no vulneren nuestra soberanía y privacidad es crucial; si no estamos ‘dándole seguimiento’, lo que parece un avance, puede ser una ‘vaina’ más complicada.
Y si hablamos de datos, ahí es que la cosa se pone ‘caliente’. Para ‘jugarle la vuelta’ a las órdenes judiciales, el gobierno gringo le compra información a ‘brokers’ de datos privados como LexisNexis. Estos tipos acumulan un viaje de información nuestra: desde registros públicos, historial de compras, actividad en redes, hasta datos de ubicación de apps que uno descarga ‘de lo más bien’. Herramientas como ELITE de Palantir, que es como un ‘Google Maps’ para encontrar gente, o Mobile Fortify, que escanea rostros en tiempo real, son solo la punta del iceberg. No hablamos solo de inmigrantes, sino de cualquiera que use un teléfono o redes sociales. Es una ‘chercha’ donde la privacidad se vende al mejor postor sin que uno se entere.
Lo más ‘freaky’ de todo es cómo esta infraestructura de vigilancia, que supuestamente era para deportaciones, se ha girado contra ciudadanos comunes. ¿Recuerdan las protestas de Minneapolis? Pues el ICE usó ese mismo software de reconocimiento facial contra gente de allí. Uno, con la comodidad del día a día, acepta términos y condiciones sin leer, descarga apps por ‘chulas’ y comparte su vida pensando que lo peor es que le salgan anuncios. Pero ese es el truco, mi gente. Mientras estábamos entregando nuestra privacidad por conveniencia, sin ‘darnos cuenta’, estábamos alimentando una maquinaria mucho más oscura. Herramientas como Clearview AI se nutren de millones de fotos de redes, y Locate X se aprovecha de apps que recopilan nuestra ubicación. Los servicios que prometían mantenernos conectados y ‘en un coro’ son, al mismo tiempo, los que nos tienen en el punto de mira, ‘dándole seguimiento’ a cada movimiento.
Detrás de todo este ‘tigueraje’ tecnológico, hay una ideología bien clara. Gente como Peter Thiel de Palantir ha dicho que la libertad y la democracia no son compatibles. O Marc Andreessen, con su ‘manifiesto tecno-optimista’, proclamando que la tecnología lo arregla todo y que la ética es un obstáculo. Y ni hablar de Elon Musk y su visión aceleracionista, donde la IA debe avanzar sin límites. Estas personas no solo son visionarios, son arquitectos de un futuro donde, según ellos, la tecnología es la única salvación, aunque eso signifique sacrificar nuestras libertades individuales ‘sin pío’. Así que, la frase de Larry Ellison no era una simple predicción, era una ‘advertencia’ y una declaración de intenciones de una élite con una agenda bien definida, y nosotros, los ‘dominicanos’, tenemos que estar pilas con esa vaina.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



