En los hospitales de Yunnan, la cosa se pone ‘jevi’ cada cierto tiempo. Llega ‘un viaje de’ gente con la misma historia: se comieron su ‘jian shou qing’, la seta del patio, y después ¡zas!, empiezan a ver ‘gente pequeña’ por to’ los la’os. Es un escenario que se repite ‘de una vez’ cada temporada, dejando a los afectados en un estado de asombro mientras describen con lujo de detalles estas figuras diminutas que se mueven por su entorno, aún sabiendo que algo no cuadra.
La comunidad científica, ‘asegún’ los estudios que se han publicado, estaba convencida de que ahí tenía que haber alguna ‘vaina’ con psilocibina o ácido iboténico, como las setas ‘mágicas’ que ya conocemos. Pero ¡qué ‘klk’!, resulta que un estudio reciente de la Universidad de Utah, liderado por Caylee Domnauer y publicado en ‘Mycologia’, ha secuenciado el genoma de la seta ‘Lanmaoa asiatica’, la responsable de estas visiones, y ha descubierto un ‘misterio’ tremendo: no posee los genes necesarios para producir ninguno de los psicodélicos conocidos. Esto significa que las visiones de ‘gente pequeña’ que provoca tienen que tener otro origen.
Tradicionalmente, las alteraciones de la percepción humana inducidas por hongos se han asociado a compuestos bien documentados. La psilocibina, por ejemplo, es el activo principal en las setas del género ‘Psilocybe’, mientras que el ácido iboténico y el muscimol son los responsables de los efectos del famoso ‘Amanita muscaria’. La ausencia de las rutas biosintéticas para estas moléculas en la ‘Lanmaoa asiatica’ no solo es sorprendente, sino que abre una nueva frontera en la micología y la neuroquímica, desafiando lo que creíamos saber sobre los mecanismos alucinatorios de los hongos.
Este ‘coro’ de investigación no fue a la ligera. El equipo se fajó en serio, realizando una secuenciación completa del genoma de 53 especímenes de la ‘Lanmaoa asiatica’ recolectados en su hábitat natural. No fue un análisis químico superficial, sino una inspección filogenética profunda que comparó 1,515 genes ortólogos, es decir, genes equivalentes entre diferentes especies de hongos. El resultado fue concluyente: ni los genes de la vía biosintética de la psilocibina ni los de la producción de ácido iboténico aparecen. Este es un descubrimiento ‘bacano’ que nos deja con más preguntas que respuestas.
Lo ‘chulo’ de esta seta es que no es que la gente la ande buscando pa’ ‘jaltarse’ o volar. Es un comestible más, una vaina de todos los días en la cocina de Yunnan, valorado por su sabor y textura. La gente local lo consume hace siglos sin problemas, ‘asegún’ se cocina bien. La diferencia entre una cena ‘de lo más bien’ y ver ‘gente pequeña’ es, muchas veces, la cocción. Si no se prepara ‘de una vez’ y a la temperatura adecuada, ahí es cuando viene el relajo y los pacientes terminan en urgencias. No hay alarma social ni prohibición, solo un protocolo culinario que, si no se respeta, produce un efecto que la ciencia aún no sabe explicar del todo.
El fenómeno tiene un nombre clínico: micropsia alucinatoria con figuras humanoides. Lo interesante es que los afectados no experimentan sedación, euforia ni ningún otro síntoma de intoxicación común; simplemente están alerta, orientados y completamente perturbados por lo que ven. Las visiones pueden durar varias horas y desaparecen por sí solas, sin dejar secuelas conocidas. Esto contrasta ‘un viaje de’ con las experiencias de otras sustancias psicodélicas y subraya lo singular de esta ‘vaina’.
El estudio de Domnauer y su equipo representa el primer análisis genómico exhaustivo del género ‘Lanmaoa’, que hasta ahora estaba prácticamente sin investigar. Este avance no solo ha descartado los psicodélicos conocidos, sino que ha abierto la puerta a la posibilidad de una molécula completamente nueva con efectos neuroquímicos desconocidos. Toca ahora que los científicos se metan de lleno a identificar ese compuesto desconocido y que averigüen cómo diablo funciona en el cerebro. Hasta entonces, la ‘Lanmaoa asiatica’ seguirá siendo la seta más ‘misteriosa’ del ‘patio’, una ‘vaina’ que alucina por razones que la ciencia no puede explicar todavía.
Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!




