¡Klk, mi gente! La reciente ‘tregua petrolera’ a nivel internacional, producto de un posible acuerdo entre Estados Unidos e Irán y la consecuente reapertura del Estrecho de Ormuz, ha traído un soplo de aire fresco al mercado global. Esta vaina promete un respiro que podría sentirse hasta en el bolsillo de nosotros los dominicanos, quienes ya estábamos sudando la gota gorda con la subida de los combustibles y la presión sobre la política energética del país.
Esta buena nueva llega justo después de que el Gobierno local autorizara aumentos de RD$3 a RD$6 en varios combustibles y anunciara un congelamiento de precios por tres meses. La medida buscaba controlar las expectativas de inflación y evitar que la factura de los subsidios estatales se disparara aún más. La corrección en los precios del crudo ha sido jevi: el WTI bajó de picos de US$117.63 a menos de US$76 el barril en cuestión de semanas, una caída superior a US$33 que alimenta la esperanza de rebajas locales.
Sin embargo, el economista Henri Hebrard nos advierte que la transmisión de estas variaciones internacionales al mercado local no es de una vez. La Ley de Hidrocarburos 112-00 establece un mecanismo semanal de fijación que, sumado a los subsidios aplicados desde la guerra en Ucrania y el lío Israel-Irán, genera complejidad. La presión sobre las finanzas públicas ha sido tremenda, con un estimado de RD$40,000 a RD$50,000 millones adicionales necesarios para mantener el subsidio, según el ministro Magín Díaz. Esta chercha ponía en aprietos la estabilidad macroeconómica y la inversión pública.
Guarocuya Félix calificó la situación de ‘zona fiscal peligrosa’, donde un subsidio semanal de RD$1,700 millones, que anualizado supera los RD$88,000 millones, podría desplazar inversiones públicas o forzar nuevos impuestos. Propone una regla fiscal clara para limitar esos subsidios. Además, Altagracia Balcácer resalta que, como importadores netos de energía, cualquier baja sostenida del petróleo mejora nuestra balanza comercial y alivia la presión sobre las reservas internacionales, permitiendo al Gobierno recuperar parte de esos gastos acumulados.
Más allá de la coyuntura, Miguel Collado Di Franco reabre el debate sobre la estructura de precios de los combustibles en el patio. Él señala que más del 30% del precio de un galón de gasolina son impuestos, sumado a los márgenes de distribuidores y transportistas. Para mayor transparencia, sugiere revisar a fondo no solo los ajustes gubernamentales, sino también la carga impositiva y los márgenes de toda la cadena de valor. ¡Esa es una vaina que nos afecta a todos los dominicanos!
Esta caída del petróleo ofrece una tregua para las finanzas públicas y los consumidores dominicanos. No obstante, subraya la necesidad de diseñar reglas más claras y sostenibles para los subsidios energéticos y la carga tributaria. El desafío no es solo aprovechar esta disminución, sino evitar que el próximo episodio de volatilidad vuelva a poner en aprietos las cuentas del país, incluso si hemos mantenido un aumento promedio de 15.6% en combustibles frente al 30% regional. ¡Hasta cuándo aguantará ese coro sin una reforma profunda!Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!




