La situación está de lo más compleja, mi gente. Los accidentes de tránsito en nuestro querido Cibao se han convertido en una verdadera ‘vaina’ para Edenorte. No es un relajo; cada vez que un vehículo se lleva un poste o daña la red eléctrica, estamos hablando de un ‘plomo’ económico fuerte y de cortes de luz que nos ponen el alma en un hilo. Lo más amargo es que la mayoría de estas intervenciones millonarias no están cubiertas por aseguradoras, lo que significa que la empresa termina asumiendo esos costos de su bolsillo, y al final, del nuestro.
Y no estamos hablando de cheles, mi gente. Según los datos de Edenorte, los daños causados por estos ‘tigueres’ al volante han representado una inversión que supera los RD$3.3 millones, solo en el Cibao. Para que se hagan una idea, esto incluye el reemplazo de 47 postes, la instalación de más de dos kilómetros de cableado y la sustitución de tres transformadores en varias provincias. Santiago es la que más ha sufrido con esta situación, con un costo que se monta por encima del millón de pesos solo en esa demarcación.
Más allá de la plata, esta ‘vaina’ de los choques tiene un impacto social ‘heavy’. No es solo que Edenorte gasta un plomo de cuartos, sino que comunidades enteras se quedan sin luz, afectando comercios, empresas y, lo más crítico, centros de salud. Estos apagones, a veces largos, trastocan la vida de la gente y generan un malestar generalizado, haciendo que el día a día se convierta en un ‘lío’.
¿Y qué me dicen de la seguridad? Cuando un poste se cae o los cables se quedan energizados en plena calle, el riesgo para el peatón y el conductor es altísimo; situaciones que pueden terminar en tragedia, mi gente. Las brigadas de Edenorte, que son unos ‘bacanos’, tienen que salir corriendo a cada rato a resolver estos entuertos, muchas veces de madrugada, exponiéndose a peligros para restablecer la energía en el menor tiempo posible.
La raíz de este problema, asegún las autoridades y los expertos, está en el ‘tigueraje’ en las calles: el exceso de velocidad, el manejo temerario y, peor aún, la conducción bajo los efectos del alcohol. Es una falta de conciencia que nos está saliendo carísima a todos. No podemos seguir con esa cultura de que ‘eso no me va a pasar a mí’. La prudencia y la responsabilidad son claves para evitar que estos ‘palos’ sigan afectando nuestra infraestructura y nuestro bolsillo. Es hora de ponernos ‘vivos’ al volante.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




