¡Atención, mi gente! En una jugada que tiene a medio mundo pensando, China le ha puesto un ‘pare’ a la inteligencia artificial de compañía, esa ‘vaina’ que se hace pasar por una persona, y que, en vez de un asistente, termina siendo un amigo o, ¡hasta un novio! Las grandes ligas de la tecnología china, como ByteDance con Doubao y Alibaba con Qwen, ya están desactivando sus agentes de IA personalizados. La cosa va en serio: no quieren que nadie se ’embarrile’ demasiado con un robot, evitando lazos emocionales que podrían desviarnos del mundo real. La movida es ‘de una vez’ y sin mucho pataleo, dejando claro que el gobierno chino tiene su visión bien definida sobre cómo debe ser nuestra relación con la tecnología.
La noticia, que cayó como balde de agua fría, nos deja ver que el apagón de esta IA tan particular ya tiene fecha. Doubao avisó que el 15 de julio sus agentes dirán adiós, y Qwen lo hará aún más rápido, el 10 de julio. Esto no es ‘chercha’; es la implementación de unas Medidas Provisionales para la Administración de Servicios de Interacción Antropomórfica con IA. Lo interesante aquí es que no están regulando la IA generativa en general para trabajar o estudiar, sino esa ‘clase’ de sistemas que simulan rasgos de personalidad, patrones de pensamiento y estilos de comunicación humanos para dar una interacción emocional sostenida. No se trata de la potencia de la IA, sino de que no se convierta en tu mejor amigo, o peor aún, en uno de tus ‘novios robots’, creando una dependencia que ellos consideran perjudicial.
Aquí la cosa se pone ‘jevi’, porque la regulación china no está pensando en los riesgos de seguridad tipo los que se debaten en Europa, sino en una vaina mucho más profunda: la dependencia emocional. No quieren que la gente se enganche a una máquina de tal manera que afecte sus relaciones personales o los lleve a tomar decisiones irracionales. En una cultura como la nuestra, donde la conexión familiar y el ‘coro’ con los amigos son el pan de cada día, imaginarse a la gente metida en un ‘tigueraje’ emocional con una IA es algo que, a muchos, les resultaría extraño, pero el riesgo está ahí, y China le está saliendo al frente para que nadie se pierda en ese mundo virtual.
Asegún esta nueva normativa, la misma IA debe estar pendiente de cómo estamos con ella. Si detecta que un usuario se está poniendo muy sentimental o muestra emociones extremas, la IA debe dar una alerta, animar a buscar ayuda real o hasta activar protocolos de emergencia. ¡Imagínate una IA diciéndote ‘klk’, bájale dos, que te estás excediendo’! También tiene que recordar al usuario que se tome un descanso si lleva más de dos horas chateando sin parar. Es como una mamá tecnológica que te dice que sueltes el teléfono, pero en este caso, te dice que sueltes al robot para que no te ’embarriles’ demasiado con la inteligencia artificial.
Esta preocupación va ‘un viaje de’ lejos, poniendo especial atención a los menores de edad y a los más viejos, que son grupos más vulnerables a la soledad y a la dependencia emocional. Se prohíbe rotundamente que estos chatbots ofrezcan relaciones virtuales íntimas, como ‘parejas’ o ‘familiares’ artificiales, y en el caso de los menores, se exige el consentimiento de los padres. Esto es clave porque, en nuestro país, la familia es la base de todo, y la idea de que una máquina supla esos lazos, para muchos, es impensable, pero para otros, en un mundo cada vez más aislado, podría ser una tentación peligrosa.
En el fondo, lo que China busca es que la IA se quede en eso: una herramienta. Que no sea un sustituto de las relaciones humanas que nos nutren y nos anclan a la realidad. Esta es, posiblemente, la primera regulación a gran escala que no se enfoca en la capacidad técnica de la IA, sino en su impacto en nuestra psique y nuestras interacciones sociales. Es un precedente importante que, aunque parezca lejano, podría influir en cómo otros países, incluso el nuestro, empiezan a ver y a manejar este ‘revolú’ tecnológico. La discusión apenas comienza, y el debate sobre si la IA debe ser solo una herramienta o si puede ser algo más, sin hacernos daño, es una ‘vaina’ que hay que tener bien clara.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).


