Según la noticia, el reconocido Tomás Alonso, gerente de Mastercard en República Dominicana, ha puesto el dedo en la llaga con el próximo gran desafío para el sector financiero: llevar los pagos digitales a los microcomercios del país. Este ‘Coro Digital’ no es solo una cuestión de tecnología, sino de un cambio de mentalidad y de cómo hacemos la ‘vaina’ del día a día en nuestros negocios.
Alonso, durante el panel ‘El futuro de la banca en América Latina’, señaló que, aunque hemos avanzado un viaje en la digitalización, todavía hay una brecha, ¡y una bien grande!, entre tener acceso a productos financieros y realmente saber cómo usarlos al máximo. No es lo mismo tener una cuenta digital o una tarjeta, que tener la educación y la madurez financiera para sacarle todo el jugo, ¿tú me entiendes?
El ejecutivo enfatizó que el siguiente paso para una inclusión financiera verdadera es que la gente pueda usar esos instrumentos para conseguir crédito, mejorar sus condiciones económicas y echar pa’lante. Esto es clave, porque de qué vale tener la herramienta si no sabemos cómo meterle mano para mejorar la situación, ¿verdad?
Aquí es donde entran en juego los microcomercios. De acuerdo al reporte, en estos negocios, la dependencia del efectivo sigue siendo ‘demasiado’ alta. Es como si estuviéramos en otro siglo con esa ‘chercha’ del billete, cuando el mundo está virando hacia lo digital. Alonso fue claro: ‘Donde tenemos que enfocarnos ahora todos justamente es en esos microcomercios’. ¡Ahí es que está el verdadero tigueraje del cambio!
Por suerte, existen tecnologías nuevas que son una ‘jevi’ opción, permitiendo a los pequeños negocios aceptar pagos con solo un teléfono móvil. Es algo ‘chulo’ y accesible. Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas. El gerente de Mastercard también mencionó la necesidad de que haya incentivos para que estos pequeños negocios se formalicen y adopten estas herramientas. Esto es una cadena: a más formalización, más confianza, más uso de tecnología y, en definitiva, un mejor ecosistema económico para todos.
Para los colmaderos, los dueños de salones, los detallistas y todo el ‘tigueraje’ que mueve la economía local, el brinco a los pagos digitales significa más seguridad, menos riesgo de robo, mejor control de sus finanzas y, potencialmente, un camino más fácil para acceder a financiamiento. Es un ‘ganar-ganar’ que podría dinamizar un sector crucial de nuestra economía, trayendo modernidad y eficiencia a la hora de hacer negocios.
En resumen, el reto es grande, pero la oportunidad es aún mayor. Convertir a nuestros microcomercios en puntos de venta digitalizados no solo sería un avance tecnológico, sino una verdadera democratización financiera que impulsaría a ‘la gente’ y al país completo. Es hora de dejar la ‘vaina’ del efectivo y montarnos en el tren del futuro.
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